viernes, 26 de febrero de 2010

Revista de la SEM No.3

REVISTA DE LA
SOCIEDAD DE ETICA EN MEDICINA
Sociedad componente de la
Asociación Médica Argentina


Presidente de Honor de la Sociedad de Etica en Medicina
Prof. Dr. Osvaldo Fustinoni

Comisión Directiva
Presidente: Dr. Luis A. F. Allegro
VicePresidente: Dr. León Cubellun
Secretario General: Dr. Jorge F. Yansenson
Pro-Secretario: Dr. Horacio Dolcini
Tesorero: Dr. Agustín Candioti
ProTesorero: Dr. Gregorio Ganopol

Vocales:
Dr. Rolando Hereñú
Dr. Julio N. Cosen
Dr. Fabián L. Allegro

Vocales Suplentes:
Dr. Ernesto Gil Deza
Dr. Daniel Levy

Organo de fiscalización:
Dr. Claudio Goldini
Dr. Ernesto Gil Deza
Suplente:
Dr. Marcel o Cubellun

Asesoría Letrada:
Dra. Liliana B. Rodríguez Elenico

Revista de la Sociedad de Etica en Medicina
Director: Dr. Rolando Hereñú
Editor: Dr. Luis A. F. Allegro

Registro Nacional del Derecho de Autor: Expediente 942.485- 5-10-98.

Sede de la Asociación Médica Argentina.
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Bulnes 2659, P. 15, "B" Tele/Fax : (541) 802-6307
E-mail: sem@intramed.net.ar
luisallegro@intramed.net.ar




SUMARIO

1. BIOLOGÍA, MEDICINA Y DERECHOS HUMANOS.

2. EVALUACIÓN DEL CARÁCTER MORAL Horacio DOLCINI

3. INTRODUCCION A LOS CONCEPTOS BASICOS DE LA ETICA EN LAS CIENCIAS DE LA VIDA Francisco M. ALVARINHAS

4. LAS PREPAGAS Y LA TERCERA EDAD. Marcelo Antonio SOBREVILA

5. REFLEXIONES SOBRE UNA PRÁCTICA. Marcos WEINSTEIN

6. MARCO ÉTICO DEL DERECHO. Liliana B. RODRÍGUEZ ELENICO

7. LIBROS: "BIOÉTICA TEMÁTICA", DE ARMANDO PÉREZ DE NUCCI. Luis ALLEGRO.

8. LA ETICA SURGE COMO UNA NECESIDAD DE LA CONVIVENCIA. Luis ALLEGRO





Nota: Los trabajos publicados son de exclusiva responsabilidad de los respectivos autores. Tanto el Director, como el Editor, como la Sociedad de Etica en Medicina, no se responsabilizan por el contenido, conceptos, ideas y/o pensamientos vertidos en los mismos.



BIOLOGÍA, MEDICINA Y DERECHOS HUMANOS.*

*(Tomado de ETHICA, publicación del Consejo de Médicos de la Provincia de Córdoba, Año VII, No. 30, mayo/junio de 1998.)

Presentamos a nuestros lectores un documento fundamental: el texto del Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y la Dignidad del Ser Humano con respecto a las aplicaciones de la Biología y la Medicina, aprobado por el Consejo de Ministros del Consejo de Europa y abierto a la firma de los países del viejo continente. Por su importancia e implicancias para la Bioética lo traemos al debate de los colegas, en sus partes conceptuales.

Preámbulo
Los Estados miembros del Consejo de Europa, los demás Estados y la Comunidad Europea, signatarios del presente Convenio, Considerando la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948;
Considerando el Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales, de 4 de noviembre del 1950;
Considerando la Carta Social Europea de 18 de octubre del 1961;
Considerando el Pacto Internacional de derechos civiles y políticos y el Pacto Internacional de derechos económicos, sociales y culturales del 16 de diciembre de 1966;
Considerando el Convenio para la Protección de las Personas con respecto al tratamiento automatizado de datos de carácter personal, de 28 de enero del 1981;
Considerando igualmente la Convención sobre los Derechos del Niño, del 20 de noviembre de 1989;
Considerando que la finalidad del Consejo de Europa es la de conseguir una unión más estrecha entre sus miembros y que uno de los medios para lograr dicha finalidad es la salvaguardia y el fomento de los derechos humanos y de las libertades fundamentales;
Conscientes de los rápidos avances de la biología y la medicina;
Convencidos de la necesidad de respetar al ser humano a la vez como persona y como perteneciente a la especie humana y reconociendo la importancia de garantizar su dignidad;
Conscientes de las acciones que podrían poner en peligro la dignidad humana mediante una práctica inadecuada de la biología y la medicina;
Afirmando que los progresos en la biología y la medicina deben ser aprovechados en favor de las generaciones presentes y futuras;
Subrayando la necesidad de una cooperación internacional para que toda la Humanidad pueda beneficiarse de las aportaciones de la biología y la medicina;
Reconociendo la importancia de promover un debate público sobre las cuestiones planteadas por la aplicación de la biología y la medicina y sobre las respuestas que deban darse a las mismas; Deseosos de recordar a cada miembro del cuerpo social sus derechos y responsabilidades;
Tomando en consideración los trabajos de la Asamblea Parlamentaria en este ámbito, comprendida la Recomendación 1160 (1991) sobre la elaboración de un Convenio de Bioética;
Decididos a adoptar las medidas adecuadas, en el ámbito de las aplicaciones de la biología y la medicina, para garantizar la dignidad del ser humano y los derechos y libertades fundamentales de la persona;
Han convenido en lo siguiente:


CAPITULO I

Disposiciones generales.

Artículo 1- Objeto y finalidad.

Las Partes en el presente Convenio protegerán al ser humano en su dignidad y su identidad y garantizarán a toda persona, sin discriminación alguna, el respeto a su integridad y a sus demás derechos y libertades fundamentales con respecto a las aplicaciones de la biología y la medicina.
Cada Parte adoptará en su legislación interna las medidas necesarias para dar aplicación a lo dispuesto en el presente Convenio.

Artículo 2.- Primacía del ser humano.
El interés y el bienestar del ser humano deberán prevalecer sobre el interés exclusivo de la sociedad o de la ciencia.

Artículo 3.- Acceso equitativo a los beneficios de la sanidad.
Las Partes, teniendo en cuenta las necesidades de la sanidad y los recursos disponibles, adoptarán las medidas adecuadas con el fin de garantizar, dentro de su ámbito jurisdiccional, un acceso equitativo a los beneficios de una sanidad de calidad apropiada.

Artículo 4.- Obligaciones profesionales y normas de conducta.
Toda intervención en el ámbito de la sanidad, comprendida la investigación, deberá efectuarse dentro del respeto a las normas y obligaciones profesionales, así como a las normas de conducta aplicables en cada caso.


CAPITULO II

Consentimiento.

Artículo 5.- Regla general.

Una intervención en el ámbito de la sanidad sólo podrá efectuarse después de que la persona afectada haya dado su libre e informado consentimiento.
Dicha persona deberá recibir previamente una información adecuada acerca de la finalidad y la naturaleza de la intervención, así como sobre sus riesgos y consecuencias.
En cualquier momento la persona afectada podrá retirar libremente su consentimiento.

Artículo 6.- Protección de las personas que no tengan capacidad para expresar su consentimiento.

1. A reserva de lo dispuesto en los artículos 17 y 20, sólo podrá efectuarse una intervención a una persona que no tenga capacidad para expresar su consentimiento cuando redunde en su beneficio directo.

2. Cuando, según la ley, un menor no tenga capacidad para expresar su consentimiento para una intervención, ésta sólo podrá efectuarse con autorización de su representante, de una autoridad, o de una persona o institución designada por la ley.
La opinión del menor será tomada en consideración como un factor que será tanto más determinante en función de su edad y su grado de madurez.

3. Cuando, según la ley, una persona mayor de edad no tenga capacidad, a causa de una disfunción mental, una enfermedad o motivo similar para expresar su consentimiento para una intervención, ésta no podrá efectuarse sin la autorización de su representante, una autoridad, o una persona o institución designada por la ley.
La persona afectada deberá intervenir, en la medida de lo posible, en el procedimiento de autorización.

4. El representante, la autoridad, persona o institución indicados, en los apartados 2 y 3, recibirán, en iguales condiciones, la información a que se refiere el artículo 5.

5. La autorización indicada en los apartados 2 y 3 podrá ser retirada, en cualquier momento, en interés de la persona afectada.

Artículo 7.- Protección de las personas que sufran trastornos mentales.
La persona que sufre un trastorno mental grave sólo podrá ser sometida, sin su consentimiento a una intervención que tenga por objeto tratar dicho trastorno, cuando la ausencia de ese tratamiento conlleve el riesgo de ser gravemente perjudicial para su
salud y a reserva de las condiciones de protección previstas por la ley, que comprendan los procedimientos de supervisión y control, así como los de recurso.

Artículo 8.- Situaciones de urgencia.
Cuando debido a una urgencia no pueda obtenerse el consentimiento adecuado, podrá procederse inmediatamente a cualquier intervención indispensable desde el punto de vista médico a favor de la salud de la persona afectada.

Artículo 9.- Deseos expresados anteriormente.
Serán tomados en consideración los deseos expresados anteriormente con respecto a una intervención médica por un paciente que, en el momento de la intervención, no se encuentre en situación de expresar su voluntad.


CAPITULO III

Vida privada y derecho a la información.

Artículo 10.- Vida privada y derecho a la información.

1. Toda persona tendrá derecho a que se respete su vida privada cuando se trate de informaciones relativas a su salud.
2. Toda persona tendrá derecho a conocer toda información obtenida respecto a su salud. No obstante, deberá respetarse la voluntad de una persona de no ser informada.
3. De modo excepcional, la ley podrá establecer restricciones, en interés del paciente, con respecto al ejercicio de los derechos mencionados en el apartado 2.


CAPITULO IV

Genoma humano.

Artículo 11.- No discriminación.
Se prohibe toda forma de discriminación de una persona a causa de su patrimonio genético.

Artículo 12.- Pruebas genéticas predictivas.
Sólo podrán hacerse pruebas predictivas de enfermedades genéticas o que permitan identificar al sujeto como portador de un gen responsable de una enfermedad, o detectar una predisposición o una susceptibilidad genética a una enfermedad, con fines médicos o de investigación médica y con un asesoramiento genético apropiado.

Artículo 13.- Intervenciones sobre el genoma humano.
Unicamente podrá efectuarse una intervención que tenga por objeto modificar el genoma humano por razones preventivas, diagnosticas o terapéuticas y sólo cuando no tenga por finalidad la introducción de una modificación en el genoma de la descendencia.

Artículo 14.- No selección de sexo.

No se admitirá la utilización de técnicas de asistencia médica a la procreación para elegir el sexo de la persona que va a nacer, salvo en los casos en que sea preciso para evitar una enfermedad hereditaria grave vinculada al sexo.


CAPITULO V

Investigación científica.

Artículo 15.- Regla general.
La investigación científica en el ámbito de la biología y la medicina se efectuará libremente, a reserva de lo dispuesto en el presente Convenio y en otras disposiciones jurídicas que garanticen la protección del ser humano.

Artículo 16.- Protección de las personas que se presten a un experimento.
No podrá hacerse ningún experimento con una persona, a menos que se den las siguientes condiciones:
i. que no exista un método alternativo al experimento con seres humanos de eficacia comparable,
ii. que los riesgos en que pueda incurrir la persona no sean desproporcionados con respecto a los beneficios potenciales del experimento,
iii. que el proyecto de experimento haya sido aprobado por la autoridad competente después de haber efectuado un estudio independiente acerca de su pertinencia científica, comprendida una evaluación de la importancia del objetivo del experimento, así como un estudio multidisciplinar de su aceptabilidad en el plano ético,
iv. que la persona que se preste a un experimento esté informada de sus derechos y las garantías que la ley prevé para su protección,
v. que el consentimiento a que se refiere el artículo 5 se haya otorgado expresa y específicamente y esté consignado por escrito. Este consentimiento podrá ser libremente retirado en cualquier momento.

Artículo 17.- Protección de las personas que no tengan capacidad para expresar su consentimiento a un experimento.
1. Sólo podrá hacerse un experimento con una persona que no tenga, conforme al artículo 5, capacidad para expresar su consentimiento acerca del mismo, cuando se den las siguientes condiciones:
i. que se cumplan las condiciones enunciadas en el artículo 16, párrafos i. a iv.;
ii. que los resultados previstos del experimento supongan un beneficio real y directo para su salud;
iii. que el experimento no pueda efectuarse con una eficacia comparable con sujetos capaces de prestar su consentimiento al mismo;
iv. que se haya dado específicamente y por escrito la autorización prevista en el artículo 6, y
v. que la persona no exprese su rechazo al mismo.

2. De modo excepcional y en las condiciones de protección previstas por la ley, podrá autorizarse un experimento cuyos resultados previstos no supongan un beneficio directo para la salud de la persona si se cumplen las condiciones enumeradas en los párrafos i., iii., iv. y v. del apartado anterior, así como las condiciones suplementarias siguientes:

i. que el experimento tenga por objeto, mediante una mejora significativa del conocimiento científico del estado de la persona, de su enfermedad o de su trastorno, contribuir a lograr en un determinado plazo resultados que permitan obtener un beneficio para la persona afectada o para otras personas de la misma categoría de edad o que padezcan la misma enfermedad o el mismo trastorno, o que presenten las mismas características,
ii. que el experimento sólo represente para la persona un riesgo o un inconveniente mínimo.

Artículo 18.- Experimentación con embriones in vitro.
1. Cuando la experimentación con embriones in vitro esté admitida por la ley, ésta deberá garantizar una protección adecuada del embrión.
2. Se prohibe la constitución de embriones humanos con fines de experimentación.


CAPITULO VI

Extracción de órganos y de tejidos de donantes vivos para trasplantes.

Artículo 19.- Regla general.
1. La extracción de órganos o de tejidos para trasplantes solo podrá efectuarse de un donante vivo en interés terapéutico del receptor y cuando no se disponga del órgano o del tejido apropiados de una persona fallecida ni de un método terapéutico alternativo de eficacia comparable.
2. El consentimiento a que se refiere el artículo 5 deberá ser expresa y específicamente otorgado, bien por escrito o ante una autoridad.

Artículo 20.- Protección de las personas incapacitadas para expresar su consentimiento a la extracción de órganos.
1. No podrá procederse a ninguna extracción de órganos o de tejidos, de una persona que no tenga capacidad para expresar su consentimiento conforme al artículo 5.
2. De modo excepcional y en las condiciones de protección previstas por la ley, la extracción de tejidos regenerables de una persona que no tenga capacidad para expresar su consentimiento, podrá autorizarse si se cumplen las condiciones siguientes:
i. si no se dispone de un donante compatible capaz de prestar su consentimiento,
ii. si el receptor es hermano o hermana del donante,
iii. si se ha dado específicamente y por escrito la autorización prevista en los apartados 2 y 3 del artículo 6, según la ley y de acuerdo con la autoridad competente,
v. si el donante potencial no expresa su rechazo a la misma.


CAPITULO VII

Prohibición del lucro y utilización de una parte del cuerpo humano.

Artículo 21.- Prohibición del lucro.
El cuerpo humano y sus partes, como tales, no deberán ser objeto de lucro.


Artículo 22- Utilización de una parte extraída del cuerpo humano.
Cuando una parte del cuerpo humano haya sido extraída en el curso de una intervención, no podrá conservarse ni utilizarse con una finalidad distinta de aquélla para la que hubiera sido extraída salvo de conformidad con los procedimientos de información y de consentimiento adecuados.


CAPITULO VIII

Contravención de lo dispuesto en el Convenio.

Artículo 23.- Contravención de los derechos o principios.

Las Partes garantizarán una protección jurisdiccional adecuada con el fin de impedir o hacer cesar en breve plazo cualquier contravención ilícita de los derechos y principios reconocidos en el presente Convenio.

Artículo 24.- Reparación de un daño injustificado.

La persona que haya sufrido un daño injustificado como resultado de una intervención tendrá derecho a una reparación equitativa en las condiciones y modalidades previstas por la ley.


Artículo 25.- Sanciones.
Las Partes deberán prever sanciones apropiadas para los casos de incumplimiento de lo dispuesto en el presente Convenio.


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EVALUACIÓN DEL CARÁCTER MORAL
Horacio DOLCINI


La SEM se ha interesado en este tema a raíz del comienzo del proceso de recertificación médica donde, hasta ahora, se evalúan fundamentalmente las aptitudes específicas así como los antecedentes, títulos y trabajos del colega.
No hay allí evaluación alguna que se relacione con la conceptualización ética que el médico realiza en su ejercicio profesional, y seguramente esto ocurre porque no existe, o no conocemos que exista en nuestro país, un proceso metodológico que permita objetivar esa condición cuya importancia parece redundante destacar.
Sabido es que las anormalidades en la conducta ética es, de lejos, la causa más frecuente de juicios de mala praxis, especialmente desde que se han desarrollado nuevas tecnologías de gran impacto en los procedimientos médicos.
El año pasado decíamos, en una sesión de la SEM, que los temas preferentes de la Bioética se relacionan con el comienzo y el fin de la existencia; aunque el verdadero y respetable ejercicio de la ética concierne sobre todo a las decisiones autónomas, cuando el individuo opera libremente en una sociedad donde deben existir ciertos principios de conducta que puedan ser aceptados, utilizados, creídos y defendidos -aún en esta época de descreimiento total de una moral tradicional y de exacerbación de los particularismos nacionales, raciales y religiosos-.
Hasta aquí hemos venido utilizando en forma variada las palabras MORAL y ÉTICA, como si las consideráramos sinónimos. No pensamos tal cosa, sino que decimos que la Moral se configura con las reglas universales de conducta, como los Diez Mandamientos; mientras que la Ética se constituye con guías de conducta para una clase particular de acciones dentro de un grupo social específico o determinada cultura.
Dentro de la reglas universales de conducta, que al hacerse personales llamaremos Carácter Moral, es importante tratar de conocer cómo se fundamentan: es decir, cómo se originan, cómo las aceptamos, cómo las incorporamos a nuestra conciencia, y por qué las respetamos y creemos que los demás también tienen que respetarlas. Se crean así las formas de conducta ética que tienen que ver siempre con relaciones interpersonales.
Kant habla del Imperativo Moral Incondicionado, que actuaría como una ley de nuestro propio ser y que muy respetados biólogos asocian con una raigambre de esta índole. Por lo tanto podría, de ser confirmada, satisfacer el afán de objetividad científica, garantizar objetividad universal y relacionar el sentido de las normas morales en la sociedad con el desarrollo evolutivo de la vida orgánica hasta llegar al hombre.
Podríamos entonces pensar que, en lo más alto de su desarrollo biológico y social, el hombre debería haber encontrado un código de convivencia establecido sobre las bases de una moral compartida, que nos aleje definitivamente del ''Homo lupus Homo".
En este sentido, es necesario entender que los fundamentos morales no están destinados a lograr "algo mejor de la vida" sino una vida mejor, y es por ello que la ética -las normas de vida- es siempre vitalista y se vincula con el reconocimiento y la comprensión de los intereses esenciales del hombre.
Continuemos en el camino de búsqueda de los fundamentos morales que vamos a explorar en la evaluación que más adelante analizaremos. En primer lugar, tiene que existir un reconocimiento y valoración de la TRASCENDENCIA HUMANA: que es personal, porque sólo la persona es capaz de actos plenamente trascendentes; y que es universal, porque la trascendencia anima toda la realidad humana y orienta el camino hacia la idea de LO DIVINO. El acto ético se basa en la idea de la trascendencia y se define por su intención y no por su logro, siempre mantiene su valores: la Intención es trascendente aunque fracase en su propósito.
La valoración de la trascendencia en el desarrollo de la personalidad conduce hacia "el otro", permitiendo así que "el uno mismo" se dirija hacia los demás como forma de expresar ese yo espiritual que afirme su trascendencia al afirmar a los otros. El individuo sólo puede constituirse y reconocerse como tal en la trama de interacciones de las relaciones sociales -en las cuales se halla inserta la moral-, y es por ello que no puede haber una distinción de principios entre moral privada y moral pública.
Hombre tan sabio como Kant dijo que nadie necesita una teoría moral para saber cuál es su deber, y en el mundo moderno "todo el mundo sabe" qué es lo que debe y no debe hacer. Otra cuestión es que lo haga o no.
Los modos de interacción en la vida moderna se expresan en formas práctico-morales "para todos", sin que sea obligación o necesidad el depender de los grandes sistemas religiosos universales.
La posibilidad individual necesita entonces:
1) mantener una revisión permanente de las tradiciones,
2) insertarse en estratos psicosociales que se reconocen como legítimos para la creación y fundamentación de normas, y
3) contar con un sistema crítico y en función permanente de autocontrol.
Es decir: que el individuo debe ser capaz de discutir, consigo mismo y con los demás, sobre la interpretación que se debe dar a lo que en condiciones modernas ya sabe, utilizando para ello la razón práctica poseedora de los atributos de conocimiento y universalización.
Si seguimos en esta línea de pensamiento y la llevamos hasta el plano de la realidad, cabría preguntarnos si podría existir alguna vez una sociedad racional funcionando sobre bases morales. La respuesta es: por cierto que puede existir, siempre que la orientación general de las acciones de sus miembros se dirija hacia la superación de intereses personales mediante la búsqueda de una concordancia con el interés de todos.

Esta Introducción podría seguir hasta muy largo, porque fundamentar la moral es una labor filosófica de alcance mayor. Pero tengo que detenerme por razones de tiempo y, además, porque sólo me atrevo a considerarme un aspirante a pretendiente de filósofo.
Mi preocupación por la ética médica -que integra, pero que es diferente de la ética general- es de carácter personalista; es decir, está centrada en el médico y sus deberes sin dejar de lado, por ello, cuestiones como la fertilización asistida, la ingeniería genética o la política de la salud pública. Me preocupa especialmente lo que el médico hace con sus pacientes o con colegas, cómo ejerce la medicina: qué clase de persona se considera y qué categoría de personas considera a sus pacientes, si ellos son números o casos, si es tolerante y comprensivo, si se fastidia con facilidad o si los trata con altivez y una pedantería que a veces linda con la grosería. Pasa que, a lo largo de los últimos treinta o cuarenta años, hemos venido reconociendo que las relaciones vigentes se alejan cada vez más de una moral universalista, haciendo que la moral como fundamento y la ética como conducta se comiencen a ver como problemas político-sociales.
Consideramos, por lo contrario, que se necesita una abstracción mental fuerte y trabajosa para llegar a una ética deontológica basada en principios morales universalistas, cuyo conocimiento es imprescindible para lograr una existencia humana digna en un momento de la evolución del pensamiento en el que predomina el escepticismo valorativo.
Esta concepción preocupada por la tarea específica del médico frente y junto a sus pacientes tiene, además, un sentido práctico de carácter social, puesto que la considero la única forma práctica posible de equilibrar el conflicto de lealtad que se plantea en relación con el peso inexorable y cada vez mayor de Instituciones Prestatarias.
En mi caso personal no existe conflicto de lealtad alguno, porque mi conciencia moral está sólo comprometida con la dignidad trascendente de mi paciente y todo lo demás no es más que una situación de coyuntura que no puede, de manera alguna, provocar ruptura en la ética del acto médico inserto en una conciencia moral fundamentada en principios de esa categoría.
Considero que si cada médico actúa bajo esos principios, resulta prácticamente imposible que su conducta sea inconveniente para la institución en la que trabaja -y esto no es teoría, sino que hay prueba de ello-, aunque sea necesario reconocer que hay otros problemas que deben ser también ponderados en el momento de la búsqueda de soluciones de fondo.
Comencemos entonces el tema propiamente dicho, recordando que el ser humano es un modelo de desarrollo genético en interrelación permanente con el medio ambiente. Y que con él forma un sistema vital indisoluble que logra distintos grados de equilibrio adaptativo mediante procesos de regulación desarrollados a lo largo del tiempo de la existencia individual.
Tanto como el desarrollo bio-psico-socio-cultural, ocurre un desarrollo moral que presenta características especiales en lo que hace a valores sociales reconocidos y estables. Y así como se identifican estadios sociales, se pueden identificar estadios del juicio moral que evolucionan con el desarrollo del individuo, y que se configuran en estructuras de pensamiento relacionadas con reglas o principios que obligarían a realizar una acción de determinada manera porque así sería "moralmente correcta".
"Lo correcto", "el derecho" y "las obligaciones", se interrelacionan en una forma que indica el respeto por las personas, que deben ser tratadas con justicia en forma imparcial para el máximo bienestar y para la mayor armonía social posible.
La justicia, a su vez, plantea tres problemas que vienen señalados desde la Ética Nicomaquea de Aristóteles, y son:
1) La justicia distributiva.
2) La justicia del acuerdo voluntario, contractual y de igual intercambio.
3) La justicia correctiva que incluye el concepto de justicia de procedimientos.

Comenzamos ahora el tema de los estadios y niveles siguiendo a Kohlberg -Teoría del desarrollo moral-, para describir cada estadio de acuerdo con las perspectivas socio-morales de las normas en general y de las operaciones específicas de justicia -igualdad, reciprocidad, equidad, signifícado de la acción y universalidad-.

Estadio 1. Moral Heterónoma.
Existe aquí un realismo moral ingenuo, donde el significado moral de una acción se vincula a ésta en sí misma así como el castigo que le correspondería se vincula con la acción y no con sus consecuencias. Por ejemplo: "No sigas bromeando con que vas a robar chocolatines del supermercado porque ya se sabe que no se debe robar". Esta característica de realismo moral, nos permite diferenciar e identificar varias posibilidades vinculadas a los dilemas que se plantean derivados de la acción. Las normas de este estadio son reglas concretas de comportamiento bueno o malo. La característica del pensamiento es egocéntrico, no hay significado de equidad y se encuentra habitualmente un sentido fuerte de obediencia a la autoridad.
No se evalúan las intenciones y predomina una noción de justicia inmanente -el castigo aparece como una necesidad frente a la transgresión de normas-. Existen adultos cuya moral funciona a nivel del Estadio 1, si bien éste es especialmente característico de niños y adolescentes tempranos.

Estadio 2. Moral Individualista e Instrumental.
Corresponde a una personalidad pragmática, que busca la máxima satisfacción de sus necesidades y deseos dejando de lado la consideración de las posibles consecuencias negativas.
Se identifica la idea de un intercambio de carácter instrumental para que otros logren también beneficios mediante una coordinación de acciones. No hay consideración de prioridades o necesidades cuando los intereses entran en conflicto, pese a que puede existir un balance a través de una negociación que sirva para ignorar los fundamentos de "lo bueno" y "lo malo”. Ejemplo: "Está bien que los pobres roben porque necesitan comer".
Se identifica el comienzo del reconocer que una persona puede entender los puntos de vista de otra y modificar sus acciones de acuerdo con ello. Ejemplo: "El médico no debería ser condenado a prisión perpetua por haber realizado una eutanasia activa en una persona que sufría enormemente por una enfermedad incurable y por la cual pedía la muerte para terminar con el dolor insoportable”.

Estadio 3. Moral Interpersonal Normativa.
Ocurre aquí una relación de confianza entre las personas sobre la base de normas morales trascendentes que son compartidas, o que están generalizadas más allá de personas o situaciones particulares.
Vale decir que comienza a surgir en la personalidad la valoración del rol social del individuo y de los buenos o malos motivos que explican la moral personal, así como se destacan y realzan la confianza y la aprobación social. En este estadio tiene particular valor "la regla de oro": haga con los otros lo mismo que quiere que ellos hagan con usted. Por ello el intercambio recíproco no se basa en la conveniencia, sino en normas generales consideradas moralmente buenas.
Se destacan los sentimientos de gratitud, lealtad y reciprocidad, y aparece por primera vez el sentido de universalización como idea de limitación de las desviaciones que interferirían con las buenas acciones. Ejemplo: "Todos debemos obedecer la ley porque de lo contrario los inmorales nos conducirían al caos".
La justicia correctiva se considera como vinculada a la importancia de los motivos del transgresor, así como también si posee o no las condiciones que permiten calificar a alguien como "buena persona".

Estadio 4. Moral del Sistema Social.
Crece aquí la generalización del significado de "miembro de la sociedad", y aparece como un sistema que cuenta con códigos y procedimientos que se aplican imparcialmente a sus miembros: se considera que el interés individual es legítimo cuando no altera la estabilidad del sistema socio-moral como una totalidad.
La perspectiva general es la de un sistema social legal, doctrinario o religioso que está institucionalizado en leyes y prácticas reconocidas y aceptadas. Muchos miembros de la sociedad identifican la ley de la conciencia moral con algún sistema de ley natural o divina, y este hecho puede crear situaciones personales conflictivas frente a la ley institucionalizada. Ejemplo: el casamiento de los divorciados para la religión cristiana.
Las normas promueven la cooperación y la contribución a la sociedad, y actúan para evitar desórdenes y desacuerdos sobre la base de la "igualdad ante la ley"; aquí la equidad se identifica con una cualidad del sistema que no depende de nadie en particular.
Se reconocen el sentido de deber, obligación o deuda para con la sociedad debido a los beneficios recibidos por la pertenencia a la misma, o por integrar las instituciones dentro de las cuales se trata de mantener un equilibrio en el interjuego de roles individuales y sociales.
La universalización se reafirma sobre la base del acuerdo general de respeto a la ley para evitar que su desobediencia la deteriore o destruya. El derecho a la propiedad se reconoce como el resultado de los esfuerzos personales, aunque requiere para su valorización una relación con la responsabilidad social que se considera apropiada. Ejemplo: "El comerciante no puede pretender ganar más de lo que sea justo y correcto, caso contrario está ignorando su responsabilidad para con la gente".
La aplicación de la justicia se centra en la imparcialidad, mostrando en este nivel el primordial papel que juegan los procedimientos.

Estadio 5. Moral de Derechos Humanos y Bienestar de la Sociedad.
La perspectiva general es la de reconocimiento de individuos racionales y morales preocupados por valores y derechos universales que cada uno debe elegir para construir una sociedad moral.
La sociedad es creativa y está concebida como un sistema basado en la cooperación y el acuerdo, donde cada persona tiene la obligación de hacer elecciones morales para sostener los derechos aunque estas elecciones personales puedan entrar en conflicto con las leyes o códigos de la sociedad.
El objetivo fundamental de ésta es obtener consenso público para lograr normas, leyes y procedimientos que permitan alcanzar el bienestar de sus miembros sin discriminación de clase, grupo, raza o credo religioso. Las nociones de vida y libertad son esenciales para la elaboración de normas a través de acuerdos, y no de intercambio de conveniencias como en estadios previos. Cada uno cuenta como un individuo cuya vida y libertad constituyen la universalización del valor humano. Si no hay confianza y buena fe en la interrelación humana se considera que será muy difícil construir una sociedad respetuosa de sí misma y de sus integrantes.
La ruptura de un acuerdo es vista como una violación al valor y a la dignidad intrínseca de los demás y la justicia es más correctiva que distributiva, mientras que los procedimientos son atendidos cuidadosamente por todos porque ello asegura la igualdad ante la ley.

Estadio 6. Moralidad de principios éticos generales con carácter universal, reversible y prescriptivo.
En este estadio prevalece "un punto de vista moral", es decir un principio al cual idealmente todos los seres humanos pueden adherir considerándose entre sí como entes autónomos, libres e iguales.
Estos "puntos de vista morales" pueden formalizarse a través de procedimientos que aseguren lealtad, imparcialidad y reversibilidad -que significa ser uno capaz de ponerse en el lugar de otro-.
En relación con esta formalización hay varias posiciones, aunque todas ellas coinciden en expresar el cuidado respetuoso de la persona como fin en sí misma y nunca como medio para lograr otros objetivos.
Los principios morales son distintos de las reglas o derechos, porque se expresan en prescripciones positivas y no en restricciones negativas -tales como no matar, no robar, no mentir-.
Los tres principios más importantes en el sentido descripto son:
1) justicia o respeto por la dignidad personal,
2) utilidad o benevolencia, es decir el máximo de bienestar para todos los individuos, y
3) una actitud de cuidado humano universal o "ágape".
Y estos principios se expresan en el lenguaje de los derechos humanos y los deberes recíprocos, o en el lenguaje del cuidado y responsabilidad entre hermanos y hermanas humanos.
La perspectiva social más significativa es el uso de la justicia en forma deliberada, para razonar acerca de los dilemas morales mediante el ejercicio de procedimientos leales que mantengan el sentido de confianza comunitaria. La noción de equidad no tiene que ver con el talento, los méritos o ciertos logros que dependen de diferencias genéticas, de educación u oportunidades sociales, sino que se basa en el reconocimiento de necesidades diferenciales, es decir de identificar la posición de aquellos con desventajas sociales.
La justicia correctiva considera al ofensor como un ser humano cuya dignidad debe ser respetada, aunque tenga una sanción de la sociedad a través de los procedimientos de la justicia.

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Aquí terminamos el análisis de los estadios de la teoría de Kohlberg sobre el desarrollo moral. Es necesario ahora completar esta conceptualización con las ideas de Piaget acerca del tema antes de entrar en la presentación de ejemplos de losdilemas morales que se utilizan para la evaluación.
Piaget -Juicio Moral de los Niños,1932-19ó5- ve la moralidad humana por reglas, y en última instancia por las personas en quienes aquéllas se han originado. Este respeto se dirige por un lado hacia los parientes u otras personas que han dado las normas con una mezcla de cariño y temor, y por otro lado hacia los pares o iguales y hacia las reglas que guían la interacción con ellos.
El desarrollo psicosocial conduce luego a niveles de respeto mutuo, condición necesaria para lograr la autonomía tanto intelectual como moral. Se organizan así los hechos morales y sociales que caracterizan los modelos de carácter moral que identifica Piaget: por un lado la exigencia y el autorespeto, por el otro lado la cooperación y el respeto mutuo.
La moral está relacionada con la justicia, que en el carácter moral que Piaget llama HETERÓNOMO se identifica con las reglas dictadas; mientras que en el carácter moral llamado AUTÓNOMO se identifica con una conciencia que está mas allá de los prejuicios sociales o de la ley escrita. Siendo coherente con sus ideas fundamentales con respecto al hombre, Piaget describe su tipología como una del DESARROLLO, pero asume que muchos adolescentes y aún adultos pueden permanecer en el nivel HETERÓNOMO.
En realidad, Piaget no ve el estadio Autónomo como una evolución y maduración del carácter moral, sino que ambos -Autónomo y Heterónomo- están enfrentados porque se originan en diferentes clases de relaciones sociales y experiencias, que son aquellas de respeto unilateral o de respeto mutuo. La expectativa de Piaget es que la moral Heterónoma ocurra principalmente en una sociedad organizada sobre bases solidarias mecánicas -que dependen de leyes y normas-, mientras que la moralidad Autónoma predomina en las sociedades donde existe una fuerte solidaridad orgánica o cooperativa, igualitariamente democrática y capaz de aceptar la emancipación generacional permitiendo que niños y adolescentes adquieran libertad y autonomía.
Se trata de dos diferentes concepciones del desarrollo moral: la de Kohlberg, más estructurada y progresiva; y la de Piaget, más vinculada con una tipología afectiva basada en sentimientos que interaccionan en las relaciones sociales -donde se desarrolla la moral de tipo Heterónomo si existe una relación de unilateralidad, pero si la relación es de reciprocidad simétrica ha de surgir la moral Autónoma-. Esta última se considera representativa de grados avanzados de madurez, significando esto que el individuo va más allá de las convenciones sociales y establece para sí una posición moral que puede justificar con el raciocinio, aunque siempre mediante una discusión a nivel interpersonal. Y por ello la teoría de Piaget se relaciona con las teorías más nuevas de Habermas respecto de la capacidad comunicativa como la base para una moral individual que trasciende, en construcción y desarrollo, hacia el ámbito social.
Estudios similares han realizado autores como Youniss, G. H. Mead, Raw Selman y otros, aunque todos ellos apuntan a continuar explorando las posibilidades de la tipología heterónoma-autónoma de Piaget, la cual se muestra más dinámica y menos estructurada que el desarrollo longitudinal de Kohlberg que presenta dificultades debido a los límites difusos entre los estadios.
En lo que hace a Piaget, se ha trabajado con mayor ahínco en definir la moral Autónoma sobre la base del análisis de criterios para la evaluación de la conducta. Entre estos se incluyen:
1) Elección de principios con relación a los derechos humanos, el bienestar y la justicia recíproca, en contraposición con reglas y autoridad.
2) Reversibilidad para considerar los puntos de vista de otras personas involucradas en una acción con dilemas morales, como si se analizaran las formas de pensamiento ante un cambio de roles.
3) Autonomía para elegir, libre de poderes autoritarios o de conceptualización no racional ni 1ógica.
4) Construcción intencionada de reglas, leyes y prescripciones que se utilizan para encuadrar las decisiones morales, reconociendo que esta tarea depende de una acción activa de los seres humanos en el contexto de un sistema de cooperación social destinado a lograr bienestar y justicia para todos.
Existen, además, otras teorías y clasificaciones tipológicas del carácter moral, y debiéramos referirnos en algún detalle a Baldwin con sus criterios de moral preconvencional, convencional y posconvencional y sus significativas relaciones con influencias sociales y culturales ..., pero me parece que por hoy es suficiente.

Resumiendo:
Todas estas tipologías tienden a mostrar cómo la evolución del carácter moral hacia formas más maduras, responsables y autónomas, se caracteriza por una universalización y generalización de normas morales más específicas y particulares. Es como si ocurriera un movimiento moral que arrancara desde el cuestionamiento de reglas locales de carácter cultural, como son los Diez Mandamientos, y se encaminara hacia principios formales y universales, como es la regla de oro de carácter reversible o el imperativo categórico de Kant.
El criterio de norma universal se acompaña con el concepto de Reversible, es decir cuál es el punto de vista personal, qué es lo que se espera de uno mismo, qué se espera de los demás y cuáles son las expectativas de los otros que estamos nosotros dispuestos a aceptar. El concepto de moral autónoma no puede separarse de un análisis del medio ambiente familiar y social, especialmente en lo que hace al carácter igualitario y democrático de la comunidad tanto como al valor de una familia permisiva y responsable, con sentido de justicia y bien común, para lo que se necesitan personas buenas y virtuosas.

¿Cuál es nuestra propuesta para la evaluación ?
(Antes de seguir en este camino, deseo aclarar que si se pensara en el proceso de recertificación hay dos condiciones ineludibles en su cumplimiento: 1) la realización es voluntaria y de manejo reservado, y 2) su resultado no es vinculante con la recertificación.)
A nuestra propuesta nos parece sencillo enunciarla, aunque más laborioso será elaborarla en la práctica:
a) Estructurar en forma de situación social un modelo de conducta que plantee un dilema moral. Por ejemplo: una mujer está cercana a la muerte debido a una forma rara de cáncer. Hay, sin embargo, una droga que puede salvarla. La droga ha sido descubierta por un droguero que en la ciudad hace negocios exagerados con su costo y comercialización. El esposo de la enferma no puede conseguir más que el 50 % del precio y el droguero no quiere acceder a vendérsela por ese monto. El hombre, desesperado, por la noche entra a la droguería y roba la droga. Se la aplican a su esposa y ella se salva. La policía recibe la denuncia de robo, detiene al hombre, éste confiesa y el asunto pasa a la Justicia. Se realiza el juicio, el jurado dicta una condena y el juez debe aplicarla.
b) Sobre este dilema, u otros, se estructura un cuestionario de preguntas que serán contestadas en forma secuencial mediante un formulario apropiado o una entrevista personal.
c) Las respuestas son evaluadas a la luz de alguna de las tipologías señaladas. (A nuestro criterio la más operativa y sencilla sería la de Piaget.)
d) El proceso de preparación y análisis de la evaluación debe ser realizado por psicopedagogos, psiquiatras y educadores médicos, preferentemente con carácter institucional.

¿Cuál es el objetivo final de esta evaluación ?
Aunque de todo lo anterior parece surgir claramente, por si hubiera alguna duda lo sintetizo:
Prestar un servicio al médico-persona y proteger preventivamente a la sociedad, de la que él forma parte, y con cuya salud-enfermedad desarrollará su carácter moral.


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INTRODUCCION A LOS CONCEPTOS BASICOS DE LA ETICA EN LAS CIENCIAS DE LA VIDA
Francisco M. ALVARINHAS

Dado que debemos abocarnos al estudio de la Bioética, el terreno de las normas de procedimiento en el cual se desarrolla nuestra actividad en las ciencias de la vida, consideramos que es imprescindible el conocimiento pormenorizado de la evolución del pensamiento axiológico de las mismas a lo largo de la historia del hombre. Este conocimiento debe ser pormenorizado, con la totalidad de los elementos intelectuales de que disponemos. Debe abarcar tanto el conocimiento de las ciencias de la vida en su amplitud epistemológica, como filosófica, antropológica, cultural y social. Se hace imprescindible para su evaluación, el conocimiento de la teoría de los valores en sus diversas vertientes, para que con todo ello podamos esclarecer nuestra posición axiológica, frente a los problemas que nos plantea esa misma ciencia que hemos creado y que con el crecimiento vertiginoso de este último siglo, está casi fuera de nuestro control valorativo, por sus logros materiales en la "situación" (1). La ciencia de nuestro mundo occidental es el motor cultural que moldea y acelera en forma creciente a nuestra sociedad en todos sus aspectos: sociales, culturales y económicos. No escapan a su accionar las confrontaciones políticas entre las diversas sociedades coetáneas y aun dentro de una misma sociedad, aparentemente homogénea en sus estructuras. De todo ello se desprende la problemática de los distintos enfoques filosóficos de la conducta humana en la "situación" valorativa. Nuestra postura de estudiosos del tema del hombre y su ética, va algo más allá de la que vienen sustentando los neopositivistas, para quienes el objeto de estudio antropológico es el comportamiento observable de los humanos y su historia es el decurso de ese comportamiento en el tiempo. Pretendemos llegar al conocimiento del hombre y de su bioética, a través de la antropología cultural y social del mismo como individuo y como integrante de una sociedad, pero sin descuidar los aspectos formales y estructurales de los temas a considerar dentro del marco que la ciencia actual impone. Recién después de haber analizado los componentes materiales de un sistema, aventuraremos ingresar en el terreno filosófico. Sin querer negar o desconocer la importancia en la evolución de la ciencia, de las primeras culturas de la sociedad humana, y el efecto fundacional de los criterios lógicos que rigieron a su evolución desde sus tempranos comienzos, creemos que es en estos tres últimos siglos y especialmente en lo que va del siglo XX, que se dan el momento social y los medios tecnológicos con los cuales las ciencias fácticas, basadas en los postulados de objetividad, comprobabilidad y validación, se han constituido en el principal factor determinante de la evolución del pensamiento filosófico de la ciencia y de nuestra sociedad actual, globalizada pero multifacética en su pluralidad. "Siglo de la física" como se lo ha denominado, que viene cabalgando sobre dos paradigmas científicos: relatividad y física cuántica, con un futuro de unificación conceptual (2), es - al decir de T. Kuhn (3) - el siglo de una verdadera revolución científica, determinada por la transición de un paradigma (la mecánica clásica) a otro (relatividad y mecánica cuántica) que no posee un carácter acumulativo sino que implica un replanteo teórico global. La revolución de la física en la primera mitad del siglo XX cambió la postura mental de los científicos, no solo de aquellos dedicados a la física teórica, también de los científicos de todas las demás disciplinas del saber. Química y biología fueron arrastradas inmediatamente en la espiral de nuevos conocimientos, nuevos enfoques conceptuales y de ello nuevos paradigmas. Con la biología molecular se abre un inundo nuevo, más lógico y acorde con los conocimientos actualizados de las ciencias fisicoquímicas. Procesos celulares que permanecían misteriosos y ocultos en las sombras del vitalismo pasaron a ser transparentes mecanismos de membrana, canales iónicos, transportadores, ligandos y neurotrasmisores. La nueva química biológica determinó una nueva farmacología. La patología en general cambio conceptualmente. Las leyes de la herencia pasaron a ser complejas asociaciones moleculares. Misteriosas entidades como los genes se revelaron como agrupaciones moleculares definibles, localizables y manipulables por métodos enzimáticos. Superado el vitalismo abstracto y teleológico y también superado el mecanicisino determinista, la biología se ha vuelto a complejizar en una lógica estructuralista, documentable, comprobable y verificable por metodologías cuantificadoras.
La sociedad en general, en sus aspectos prácticos o aplicaciones materiales de las técnicas, cambió y tomó una dimensión compatible con la inteligencia humana. Además, en los modos y las formas en que la cultura científica se manifiesta, se allanó a ver e interpretar los fenómenos corno procesos lógicos, definibles y cuantificables. Todavía no nos hemos acostumbrado a convivir con la lógica que la ciencia debería haber dejado ya impresa en la mente del hombre actual. Se percibe una secreta y honda resistencia a aceptar el concepto de "verdad y objetividad" que las nuevas fronteras de la ciencia han logrado en esta segunda mitad del siglo XX. De ello, el conflicto persistente entre los logros de la ciencia y sus repercusiones éticas en la sociedad. Una íntima resistencia, un trasfondo conservador y temeroso al cambio conceptual, aún en los niveles sociales y culturales más desarrollados, impide una ruptura radical con las posturas tradicionales credenciales, animistas y antropocéntricas que caracterizaron a la sociedad humana desde el comienzo de las culturas. La antigua concepción sumeria de un universo regido por los dioses todavía sobrevive, pasó a las religiones superiores, a la filosofía post aristotélica, a la filosofía cartesiana y a las ciencias deterministas premodernas, como el accionar de la naturaleza, la máquina maravillosa y perfecta ajustada a leyes dictadas por Dios. Jacques Monod desde su posición de biólogo, investigador destacado en biología molecular, deriva su pensamiento a una interpretación filosófica que plantea la disyuntiva: por una parte, la acumulación de conocimientos y su comprobación y veriticación experimenta], y por la otra, la necesidad de compatibilizar el conjunto documental con la mente humana, su necesidad de comprender el eterno diálogo de] hombre y la naturaleza. "La antigua alianza se ha roto, el hombre sabe, por fin, que está solo en la inmensidad indiferente del Universo, del que ha emergido por azar". - Ve al hombre "como un gitano que vaga por el Universo en el cual debe vivir y que lo sabe sordo a su música, indiferente a sus sufrimientos y sus crímenes".(4) Pero también se pregunta: ¿quien define el bien y el mal? Se nos hace imperioso modificar el significante con que se originó el término "ética" ( de la raíz griega: éthos : costumbre ) así como su acepción latina "moral" ( moris: costumbre ). No nos es posible quedarnos con la escueta identificación inicial, la llamada moral natural "en cuanta impuesta por la naturaleza humana a las variadas formas y modos de estar integrado en la sociedad". La misma sociedad que formó al hombre y la que a su vez, es modificada por el hombre con su continuo accionar. La revolución conceptual y técnica en las ciencias biológicas, acaecida en las últimas décadas del siglo XX, ha producido efectos todavía no bien asimilados en la mentalidad de los intelectuales de todas las demás ramas del saber. Ha ocasionado profundos cambios en el campo de la ética de sus respectivas disciplinas, generando una nueva actividad valorativa a la que, por extensión, se ha dado en llamar "bioética epistemológica". ¿ Se puede pensar que esta evolución conceptual se deriva necesariamente de la revolución científica de la primera mitad del siglo? Es algo aventurado afirmarlo. Pero los hechos resultantes de los avances técnicos logrados, que se deben a una nueva forma de pensar conceptualmente las ciencias, no ya como compartimentos estancos, más como una globalización intelectual, arrastran a múltiples sectores de la sociedad, proyectándola sobre un nuevo horizonte intelectual todavía no completamente conocido y concientizado. Un horizonte es sólo un límite visual, nada nos dice qué hay más allá de él.(5) De allí, que la "cultura" que caracteriza a nuestro siglo es la resultante de la ciencia y la tecnología que el hombre moderno ha creado. Ella ha modificado tanto el vivir dentro de la sociedad, como la valoración de ese vivir. ¿han cambiado los valores, o se han agregado nuevos valores?. Las posibles respuestas a estas preguntas constituyen la incógnita de la eticología del siglo XXI, dado que al abandonar la "antigua alianza" inexorablemente nos obligamos a considerar la inserción en la nueva alianza nacida al conjuro de la ciencia de este siglo XX. La ciencia puede ser definida como un intento de comunicación con la naturaleza, de establecer con ella un diálogo del que surgirán preguntas y respuestas nuevas. Según lo definiera Alexander Koyré (6) es el diálogo experimental la base y fundamento de la ciencia moderna. implica dos dimensiones de la relación hombre-naturaleza : comprensión y transformación.
Cómo estableceremos ese diálogo en el tercer milenio es la incógnita total que se plantea Noam Chomsky, (7) entre muchos otros pensadores de este fin de siglo, convencidos y angustiados por la problemática que genera en la sociedad lo desmesurado de las posibilidades de la tecnología y lo exiguo de la felicidad de los hombres en las diversas sociedades de nuestro planeta en el momento histórico que nos es dado vivir. En ningún otro momento de la historia de la humanidad, ha sido la ciencia y sus logros el motivo y fuente de esperanza para la solución de la angustia esencial del horrible en su sociedad,
El eminente epistemólogo Ilya Prigogine partiendo de la física y las matemáticas superiores ingresa en el terreno de la biología e inevitablemente en la filosofía. Se expresa a través de su obra de científico y filósofo, de la siguiente manera: "La ciencia forma parte del complejo cultural en el que, en cada generación, el hombre trata de encontrar una forma de coherencia intelectual. Y, a la inversa, dicha coherencia alimenta, en cada época la interpretación de las teorías científicas, determina su repercusión, influye sobre los conceptos que se forman los científicos acerca de los resultados de su ciencia y de las vías sobre las cuales debe orientar su investigación" (8). Sobre estas bases es que la filosofía moderna construye sus estructuras lógicas. "La filosofía no es doctrina, sitio actividad. Una obra filosófica consiste esencialmente en dilucidaciones." (9)
Ni únicamente rama de la moral, ni exclusivamente disciplina de una actividad profesional, la bioética es pluridisciplinaria. Más aún, del campo filosófico epistemológico ha pasado a introducirse en la esencia de las ciencias de la vida y la sociedad toda en sus múltiples manifestaciones: médicas, jurídicas, religiosas, sociales, económicas y políticas. Todo el saber y el hacer biológico le competen, así como todo el entorno social queda incluido en sus esferas de múltiples variables. Es como un hálito que todo lo impregna en nuestro accionar, puesto que todo es vivir en sociedad, única forma de vivir del hombre.
Decía el antropólogo Ralph Linton (10) , profundizando estos conceptos: "Las sociedades son grupos de individuos que viven y trabajan juntos y cuya existencia cooperativa es posible gracias a las adaptaciones mutuas en la conducta y actitudes de sus miembros. Los sistemas sociales abarcan las pautas ideales mutuamente ajustadas de acuerdo con las cuales se han organizado las actividades y la conducta de los miembros de una sociedad. Una sociedad es una organización de individuos; un sistema social es una organización de ideas. Representa un orden determinado de estatus y funciones que existe aparte de sus individuos que ocupan y expresan las funciones por medio de su conducta pública."
Por su contenido y sus fines, la bioética es una rama de las ciencias de la vida, de incuestionable contenido y trascendencia social. Representa una de las formas básicas de estructuración de la sociedad. Como toda ciencia multidisciplinaria, su estudio debe ser enfocado mediante el análisis pormenorizado de las distintas ciencias que te son atinentes y constitutivas. Es por ello que vemos a investigadores del pensamiento tomar posiciones contrapuestas, tanto si parten de ramas distintas de las ciencias como si se ubican en campos enfrentados del pensamiento filosófico,
Whitehead (11) se expresaba en igual sentido: "La filosofía especulativa es un esfuerzo por configurar un sistema coherente, lógico y necesario de ideas generales mediante las cuales puedan interpretarse todos los elementos de nuestra experiencia. Existe una interrelación entre ciencia y filosofía. Las ciencias particulares ilustran aspectos específicos de la naturaleza y de su posible realidad. Un sistema filosófico deberá brindar una dilucidación de los hechos materiales que la ciencia aportó".
Todos los sistemas sociales basados en tradiciones consensuales, religiones primitivas o evolucionadas, y la mayoría de los sistemas filosóficos, han colocado la ética y los valores fuera del alcance determinante del hombre. Tanto ética como valores, se le imponían, Su misma estructura social había creado previamente el marco axiológico, luego se colocaba al hombre dentro del cuadro. No obstante, no vivimos la brevedad de la existencia humana como una conclusión sin respuesta, y ello es posible por que hemos inventado a lo largo de toda la historia de nuestra sociedad los instrumentos mentales de las ciencias, para establecer el diálogo, permanente e inquisitivo con la naturaleza. No podríamos concebir el pensamiento como un monólogo solitario fuera del cual sólo existe la nada. La historia de la ciencia es la incesante marcha del hombre en la búsqueda de la verdad. Las posiciones aparentemente más contrapuestas, tienen cabida dentro del territorio de la investigación en bioética. No existen iguales valores para observadores distintos, ubicados en territorios filosóficos contrapuestos, pero todos ellos son la expresión del pensamiento del hombre a través de su historia. Según expresara J. Campbell (12) "La unidad de la raza humana, no sólo en su historia biológica, sino también en la espiritual, que por doquier se ha desarrollado a la manera de una única sinfonía de temas anunciados, desarrollados, ampliados y retomados, deformados y reafirmados, que hoy día, en un gran fortísimo con todas las secciones tocando al unísono, avanza irresistiblemente hacia una especie de poderoso climax, del cual ha de surgir el próximo gran movimiento".
Creemos que las palabras de Poincaré resumen esta postura esperanzada. "Todo lo que no es pensamiento es la nada, puesto que no podernos pensar más que el pensamiento y todas las palabras de que disponemos para hablar de las cosas no pueden expresar sitio pensamientos. Por tanto decir que existe algo además del pensamiento es afirmación que carece de sentido. Y sin embargo, extraña contradicción para los que creen en el tiempo, la historia geológica nos demuestra que la vida es tan solo un corto episodio entre dos eternidades de muerte. Y que ese episodio, el pensamiento, consciente no ha durado ni durará más que un momento. El pensamiento no es más que un relámpago en medio de una larga noche. Pero ese relámpago es todo." (13)

Bibliografía.
( 1) R. Frondizi. Qué son los valores.
(2) S. Weinberg. (Premio Nobel de Física) Le reve d'une théorie ultime.
( 3) Kuhn. La estructura de las revoluciones científicas
(4) Jacques Monod, El azar y la necesidad.
( 5 ) A. Koyré. Etudes d'histoire de la penseé scientifique.
(6) A. Lincoln, Discursos.
(7).N.Chomsky, El miedo a la democracia.
(8 ) Prigogine I, Stengers Y, Entre el tiempo y la eternidad.
(9) Wittgenstein, Tratado filosófico.
(10 ). Linton R. Estudio del hombre.
(1l)A.N.Whitehead. Proceso y realidad
(12). J. Campbell. Las máscaras de Dios. T. 4
(13) H. Poincaré.. Ultimos pensamientos.

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Se nos ha consultado en nuestra Sociedad, sobre la cuestión que se describe a continuación. Al final damos nuestra opinión sobre aspectos éticos que se plantean.

LAS PREPAGAS Y LA TERCERA EDAD
Marcelo Antonio SOBREVILA

Las empresas llamadas de medicina prepaga tienen - como la mayoría de las empresas - el propósito de lucro como objetivo esencial. Esto es perfectamente lícito y normal, conforme la ley máxima de la nación, y no debe provocar ningún comentario que las pueda descalificar por esa causa. Por un asunto que se relaciona con estas empresas, también incluiremos en el presente artículo a las entidades educativas universitarias privadas que son fundaciones, es decir, entidades sin fines de lucro, aún cuando por justificables razones practican su gestión con una dinámica operatoria y espíritu empresario, enteramente análogos a las sociedades con propósito de lucro. Ambas deben equilibrar sus finanzas, para poder prestar los servicios que ofrecen a las personas que las eligen. Ambas tienen puntos de semejanza en cuanto a normas de ética general y conducta para con las personas. En los dos tipos de organización, el sensato equilibrio entre el propósito de lucro y una correcta conducta social con sentido humanitario proponen un desafío al ingenio, todavía no resuelto en buena parte de los casos.
El objeto de este artículo es - precisamente - examinar en forma conjunta a estos dos tipos de entidad, para encontrar algunas relaciones entre lo comercial y lo ético, y sus parecidos en lo que se refiere al trato con las personas mayores de 65 años. El problema de hacer compatible el propósito de lucro con la conducta social de este tipo de entidad, es motivo de este breve estudio, a fin de obtener conclusiones de tipo general orientadas hacia el bien común de la población, y la preservación de la salud de las personas.
Por sus fines, las sociedades anónimas como son las empresas de medicina prepaga, y las fundaciones como son las universidades privadas, se diferencian sustancialmente del resto de las empresas. No es lo mismo socorrer a la gente en una urgencia médica, que vender electrodomésticos. No es lo mismo formar médicos, economistas, arquitectos o abogados, que administrar un supermercado. En el primer caso está en juego la salud y hasta la vida misma de los seres humanos. En el segundo caso está en juego la seguridad, la salud, los bienes y los derechos de la sociedad, al depender en buena medida de los profesionales universitarios.
Filosóficamente hablando, la conducta social de estas entidades está mucho más comprometida que en las otro tipo. Admitido que no pueden resignar los propósitos de lucro, porque no pueden funcionar correctamente sin ingresos genuinos para alcanzar el cumplimiento de sus importantes funciones sociales, también es imperativo que deben conservar en esa acción ciertos límites para no causar graves daños a la sociedad, a la que en definitiva sirven y de la cual obtienen sus ganancias. Es muy nítido que por la naturaleza de su misión en la sociedad, deben condicionar su comportamiento económico y su conducta, para no dejarla al margen de todo escrúpulo, al amparo de lo reglamentario. El accionar de estos dos tipos de organización - que parecerían regirse cada vez más por las reglas impuestas por códigos comerciales desaprensivos - puede lesionar notoriamente su imagen en el plano de lo humano, sembrando dudas sobre cual debe ser la conducta ética de sus dirigentes.
Ambos tipos de entidad que terminamos de citar, por la índole de los servicios que prestan a la comunidad, deben resguardar celosamente otros objetivos que giran sobre lo humano y lo social. Analizado el problema con la equidad que corresponde, compatibilizar el propósito de lucro con una conducta elogiable, debemos reconocer que no es sencillo. Las empresas de medicina prepaga no son beneméritas entidades de beneficencia que se dedican a auxiliar a las personas, obteniendo los recursos necesarios por medio de venerables mecenas y benefactores. Las universidades privadas no son reparticiones del estado que pueden cumplir sus fines específicos sin desvelarse mayormente por lograr los recursos, los que están asegurados a través del presupuesto nacional, y solo deben administrarlos con sobriedad.
El conflicto ético y social que se está insinuando en lo dicho más arriba, queda enteramente en manos de las personas que administran este tipo de entidad al que nos estamos refiriendo, de su hombría de bien, de sus principios morales, y de su sentido de la solidaridad. De su buen juicio, equidad, recto proceder y actitud, la balanza puede inclinarse peligrosamente hacia uno u otro lado. Decimos que está en manos de sus dirigentes porque la legislación - presumiblemente antigua - resguarda cuidadosamente el propósito de lucro, pero no ampara con la misma intensidad el derecho de las personas que deben utilizar los servicios de esos dos tipos de entidad
El problema - en síntesis - es la actitud que tienen las empresas de medicina prepaga con las personas mayores de 65 años de edad, en relación con los contratos que suscriben con entidades diversas, para prestar servicios de salud a su personal y empleados. Hemos encontrado situaciones conflictivas con universidades privadas, consejos profesionales y otros tipos de institución. Al retiro de esas personas de su ciclo laboral natural, si han sobrepasado la edad límite, se les impide continuar como socios de la misma prepaga a la que pertenecieron por años, aunque ofrezcan aceptar las condiciones que la nueva situación implica. Este criterio lo aplican a rajatabla todas las organizaciones de medicina prepaga, por lo que toda persona que por años hizo su aporte a ellas a través de alguna entidad en la que se desempeñaba laboralmente o de otro modo, queda absolutamente desamparada una vez que se jubila. Justamente a la edad en que, por naturales razones psicológicas y materiales, aspira a un resguardo de salud. Es nítida la doble responsabilidad empresaria.
Estos comentarios no son producto de trasnochadas elucubraciones teóricas, y procuraremos dejarlo explicado por medio del relato de un hecho real, dejando a cuenta del lector sacar sus propias conclusiones. El hecho a relatar se podría tomar como un "caso testigo" y servir como plataforma de estudio para lograr soluciones dignas y permanentes. Se trata de la odisea vivida por una persona con más de 65 años de edad, vinculada a los dos tipos de entidad mencionadas más arriba, a la sazón, relacionadas por un contrato comercial que las hace responsables conjuntas de la situación vivida.
Un profesional universitario ingresa en 1988 en relación de dependencia a una entidad educativa privada de nivel superior, una universidad privada, desempeñándose continuadamente hasta fin de 1998 en diversas posiciones jerárquicas. Durante ese lapso, la universidad privada suscribe un contrato con una firma de medicina prepaga, para asistencia de todo su personal superior. La entidad le ofrece al profesional universitario ingresar al sistema, cosa que acepta. Un detalle de sumo interés es que al empleado no se le dio conocimiento de los términos del contrato suscrito, a pesar de que era de su incumbencia conocerlo, porque debía contener detalles que hacían a su futura situación, como quedó demostrado. Durante muchos años, la universidad privada pagó la cuota del empleado, y hubo una prestación regular de servicios. El agente de ese establecimiento educativo fue aceptado como socio de la empresa de medicina prepaga, se le otorgó un carnet que así lo acreditaba, el que era renovado cada tanto para mantenerlo actualizado. Durante nueve años, esa relación socio-empresa fue normal por ambas partes. El socio pagó sus cuotas puntualmente a través de la tesorería de la universidad, y la "prepaga" prestó los servicios convenidos.
Al concluir la prestación laboral, el profesional consulta a la entidad educativa si puede continuar asociado a la empresa de medicina prepaga de la que es socio y paga a través de aquella sus cuotas, y por escrito, con la firma de una de sus máximas autoridades, se le confirma que sí. Concurre tranquilo a la empresa de medicina prepaga para informar que ha concluido su relación laboral y que desea continuar como socio, aceptando las cuotas y la ubicación grupal que corresponda a esa nueva situación. Se le hace llenar un formulario, y el interesado - poco ducho en estos trámites - no advierte que lo que le piden es que cumplimente con datos una solicitud de ingreso. Lo tratan como a un desconocido, cuando hacía nueve (9) años que pertenecía a la empresa como socio, con sus cuotas al día y su carnet habilitante al momento del trámite. A los pocos días recibe una carta documento informándole que no se lo acepta como socio, por estar excedido de la edad límite de 65 años para el ingreso, de acuerdo a los reglamentos. Concurrió a otras entidades del mismo tipo, con las que obtuvo igual trato y resultados. Todas están de acuerdo.
Analizado el caso con su abogado, éste concurre a la empresa de medicina prepaga, para solucionar amistosamente el caso. Se le hacen cumplir diversas gestiones, todas de distracción y pérdida de tiempo, para desalentarlo. Finalmente, se llega a la conclusión de que - por diversas actitudes observadas - no resultaría útil acudir a la Justicia. Están resguardados por una legislación que los ampara, pero lo más grave, manifiestamente, rechazan a este tipo de cliente. En forma poco menos que alevosa, a una persona de más de 65 años se lo deja desamparada de asistencia médica con chicanas legales cuya calificación es preferible no hacer..
Si caben reflexiones sobre este caso testigo, ellas son varias. En primer lugar, la entidad educativa a la que perteneció el profesional fue desleal con su empleado, porque debió informarle a su debido tiempo que en el contrato que suscribió con la empresa de medicina, al quedar fuera de la entidad por conclusión natural de la relación laboral, no sería aceptado por tener más de 65 años, para que tomase las medidas del caso con tiempo. Para peor conducta, se le entregó un documento firmado por una de sus autoridades manifestando lo contrario, lo que revela una falta de seriedad y de calidad administrativa alarmantes. Si hay algo que tipifica negativamente a una entidad educativa que así procede con las personas que fueron por mucho tiempo sus colaboradores, es la deslealtad de desentenderse en una forma que afecta a la salud futura de la persona. Resulta complicado calificar este acto, por encontrar dificultades para lograr la palabra educada y adecuada.
En segundo lugar, la empresa de medicina se desentiende de quien ha sido por años su cliente y ha aportado a sus ganancias. Sabemos que el mundo de los negocios es despiadado, pero aún en él hay límites autoimpuestos por la propia conciencia y formación de sus dirigentes. No podemos hablar de actos ilegales, pero sí es lícito hablar de actos repudiables, en aras del propósito de lucro y la falta de lealtad con un cliente.
En tercer lugar, parecería existir un vacío en la legislación pertinente. No hay en la regulación legal para este tipo de empresa, algún acápite o artículo que ampare a las personas en este trance, y con una edad en que dichos actos, son más repudiables aún. Evidentemente, la responsabilidad de este suceso está compartida por las dos entidades involucradas. La educativa, por ocultar al empleado los términos del contrato que suscribió con la "prepaga", que lo tomaron por sorpresa con un hecho que, de conocerlo, podría haberse resguardado. La empresa de medicina, porque un directorio formado por médicos matriculados y que han hecho el correspondiente juramento hipocrático, debe cuidar todos sus actos, incluidos los administrativos. Aunque miembros de un directorio comercial, ante todo y por sobre todas las cosas, son médicos. La conducta practicada tiene un matiz algo alevoso que repugna no solo a los involucrados, sino que despierta comentarios negativos de la opinión pública.
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Nuestra opinión sobre la ética implícita en esta cuestión.
Luis A. F. ALLEGRO

El análisis ético de esta cuestión abarca a los siguientes protagonistas, que constituyen personas jurídicas:
1) la universidad o "entidad contratante", que es la que contrata el servicio para la cobertura médica de la persona que presta funciones docentes en dicha casa de estudios;
2) la empresa médica prepaga o "entidad contratada", que es la que prestará dicho servicio, y
3) el docente, que es el interesado en recibir dicha cobertura médica
A cada uno de ellos les corresponde derechos y obligaciones de carácter ético (además del carácter civil implícito). Veamos lo que debería haber sido en el momento de la contratación del servicio:
a) la empresa médica prepaga, al hacer el examen obligatorio (que se efectúa de rutina a toda persona antes de ser aceptada, con el fin de determinar enfermedades previamente existentes) sabe que se trata de una persona cuya edad (aproximadamente 55 años) le permitirá una cobertura de sólo 10 años, pues en las condiciones de aceptación ya tiene estipulado no admitir afiliados de más de 65 años. En este caso la conducta ética de la prepaga médica es informar en forma fehaciente 1) a la empresa contratante y 2) al directamente interesado - el docente - que la cobertura médica sólo lo cubrirá hasta los 65 años; y además informarle y proponerle el plan correspondiente para esa edad. Especialmente no desentenderse del caso al llegar a ese momento;
b) la universidad contratante, no puede ignorar que un docente se jubila a los 65 años de edad. Y en el momento de la contratación del servicio prepago, debe imponer que dicha cobertura no se suspenderá por razones de edad al llegar el docente a los 65 años. Por lo tanto, en el momento de contratar debe exigir como condición que llegado el docente a los 65 años y jubilado de sus funciones, la prepaga se comprometerá a mantener la cobertura del servicio aunque el interesado tenga que aceptar el incremento de la cuota según la edad.
c) el docente debe ser informado fehacientemente de esta condición, tanto por la universidad como por la empresa médica prepaga y debe dar su consentimiento por escrito. De este modo va sabiendo con suficiente antelación que al llegar a la edad de la jubilación, él tendrá que hacerse cargo del sostenimiento de su cobertura médica.


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REFLEXIONES SOBRE UNA PRÁCTICA
Marcos WEINSTEIN

Cuando el médico se integraba al ejercicio de la profesión, luego de superado el trauma psicológico de salir de una Facultad y tener que asumir tanto su adultez como su posible independencia económica, comenzaba un fenómeno de interacción con la sociedad.
Es sabido que en el último medio siglo, las ofertas para el cumplimiento de las expectativas fueron cambiando , porque el dinamismo conque se entrelaza la sociedad se proyecta hacia todos los ámbitos. Pero en su mayor parte las ofertas aparecían desde las Instituciones Públicas de asistencia, en el cumplimiento de uno de los paradigmas que fueron incluyéndose en la mentalidad de los profesionales. a medida que progresaban en sus estudios y transitaban por los servicios hospitalarios.
Como el cumplimiento de una deuda, como un pacto tácito, como un compromiso hacia el otro, ingresó este fenómeno en el inconsciente colectivo de los profesionales y también en el imaginario social de las poblaciones, que refieren al hospital público como el espacio de asistencia de la salud.
Para el profesional, el pertenecer a un hospital siempre tuvo un agregado de valor curricular popular, en el lugar, donde estaba instalado el consultorio. La chapa de bronce en la puerta tenía un significado ético para la gente del barrio, y en ella también estaba escrito el nombre del hospital al cual concurría el médico.
Asimismo las organizaciones que dirigían la salud de la población, contaban con la presencia funcionante del grupo más numeroso de profesionales, que tanto prolongaban un cierto aprendizaje como así también quedaban investidos de una carrera, que continuaba con la docencia, el cargo jerárquico, el trabajo científico, el congreso o el premio.
La Instituciones Públicas no son las paredes que forman el edificio, y parafraseando a Houssay, quien dijera que "primero hay que contar con los investigadores y después con los ladrillos". podemos mencionar que son los hombres que en ellas programan tareas para el otro ese otro que demanda la asistencia que sólo en ese lugar puede recibir, y que además confía casi mágicamente en la calidad del servicio que le prestan.
Es en esa dupla donde se establece un primer eslabón de la ética, ya que en esa sutil relación que se da entre el paciente y su médico, se define tanto la totalidad de las acciones técnicas, como así también se nutre algo que se ha ido construyendo a través de la cultura: el lugar del profesional en la sociedad.
Si la institución se constituye en relación con un nombre y la prácticas que la representan. los sujetos que la integran se identifican con un ideal común que les otorga consistencia y determina el lazo que se establece con los otros y da la cohesión necesaria para el funcionamiento de la misma. En estas condiciones, la institución puede constituirse en donadora de reconocimiento, es decir de identidad.
También hay una bipolaridad, dominada por las superestructuras. En uno de estos polos está ubicado el paciente, generalmente proviniendo de los estratos bajos del tejido social, con su enfermedad, su dolor, su inseguridad, su dependencia, su desconocimiento y su confianza en el médico y en la institución. En otro lugar de ese mismo polo está el médico con su saber, su responsabilidad, sus ataduras sociales e ideológicas, con la traslación de sus conocimientos a la práctica puesta en el paciente, y también como fuente de nuevos aprendizajes, pero sujeto a las instituciones, a su organización, a sus límites y a sus exigencias.
Y está la Institución como polo depositado de las superestructuras de los planes de salud, de las necesidades económicas presupuestadas, del prestigio que se debe mantener, de las cifras estadísticas y epidemiológicas, y de los planes políticos que provienen a su vez de otras superestructuras.
En las últimas décadas se han instalado sociedades médicas, empresas de salud, obras sociales y multinacionales del capital, que consideran al paciente como consumidor o cliente y al médico como asalariado y sujeto exclusivamente a sus intereses. Con esto se ha distorsionado la relación particular que se había constituido entre el paciente y su médico.
También debemos mencionar la ausencia en la discusión de este modelo de organización a las asociaciones médicas, sean gremiales o científicas, y el agregado fantasmal de la ley de "mala praxis" que obliga al profesional a situaciones contradictorias.
A todos los entorna la sociedad. que cambia por períodos y centraliza ideologías que impregnan a los sujetos que la componen. Es así que sucede desde los proyectos para el futuro que realiza cada profesional. a medida que crecen sus conocimientos y sus vínculos, hasta una necesidad de responder a nuevos paradigmas donde existe sólo el presente, como en este período denominado postsmodernidad.
Hay marcas en la historia de nuestras instituciones que se van re-significando, de acuerdo con los distintos acontecimientos que fueron sucediendo desde sus creaciones. Es así que esto se visualiza en el copamiento del espacio público durante los gobiernos militares, especialmente la última dictadura, hasta la actualidad, donde está presente la amenaza que representan los proyectos des-subjetivantes del consumismo, la exclusión y el aplastamiento de las instituciones estatales.
Ello incide sobre un aspecto no siempre visible por las instituciones y las superestructuras que las sostienen, y que es la salud de los que trabajan para la salud. No es más que respondiendo a esto que una investigación entre los médicos de guardia de un hospital de la ciudad, demostró que existía entre ellos un 27 % de afectados de hipertensión arterial. un 7 % de arritmias, miocardiopatías y coronariopatías, además de estrés. En otro hospital se encontró agotamiento, vínculos de supervivencia autoprotectores, despersonalización y pérdida del compromiso profesional.
Si agregarnos a esto el descenso de la edad de la morbimortalidad por afecciones cardiovasculares vinculado a situaciones críticas de la sociedad actual, según señalan los últimos congresos de esa especialidad, y consideramos que los médicos son uno de los grupos más inmersos en esa situación, cerramos el círculo.
Nadie está exento de la influencia del mundo que nos rodea, y por ego debemos aceptar que las respuestas pueden estar condicionadas a estas situaciones de la realidad. Los cambios en los fenómenos sociales, económicos y políticos de este decenio, son bastante importantes como para que les demos un lugar en la comprensión de la patología y en la manera de tratada.
Cuando los pacientes solicitan ser atendidos en la institución, es ostensible la visualización en los motivos de consulta de una relación entre la presencia de esos fenómenos y su demanda asistencial. Continuas referencias al momento actual a la situación económica, al país, al futuro, a la lectura de los diarios. a las informaciones, etc., aparecen en los primeros datos del interrogatorio.
Las instituciones públicas de salud e organizadas para a asistir a las personas de mayor riesgo social. Esta definición fue alterada con motivo de las mermas de recursos que los gobiernos de las últimas décadas asignaron al área. Se inventaron palabras nuevas: descentralización, autogestión, desregulación, ctc., que encubren un hospital con menor presupuesto que el deseable y deseado.

En todos ellos hay dificultades edilicias y de infraestructura que llenan páginas de protestas de los profesionales y de los pacientes, ya que los menguados presupuestos no evalúan las necesidades de la población y de quienes trabajan en ella. que supera las estadísticas idealizadas desde los escritorios de los funcionarios. Falta de espacio, escasa intimidad necesaria para la asistencia. ausencia de criterio para la comodidad en las salas de espera, sillas rotas, poca ventilación o calefacción, baños inadecuados, etc.
Ello no es un obstáculo para que el compromiso ético de los profesionales con la tarea haya sobrepasado y suplido esas inclemencias, logrando un vínculo con los pacientes y una continuidad en el trabajo, que significa una verdadera calidad en la acreditación de los servicios y en la producción teórica proveniente de la investigación dentro de la práctica cotidiana.
No debemos tampoco olvidar que un elevado número de horas semanales de tareas en los hospitales públicos, están cumplidas por profesionales ad honorem, que solventan sus necesidades económicas fuera de ese horario y lugar. No es infrecuente que por avatares políticos o por concursos calificados, accedan a cargos rentados que incluyen una relación de dependencia y servicios sociales accesorios. Otras son de las denominadas "contratos" donde no existen esas protecciones y requieren ratificaciones anuales, con la consiguiente inseguridad del profesional.
Todo esto genera un efecto frustrante que muchas veces ataca la calidad de la prestación, favorece situaciones perversas y repercute sobre los pacientes que son los que deben soportar el malestar de los profesionales, junto con los defectos de la institución a la que acudieron pan solicitar ayuda.
El paciente que consulta ha establecido de antemano un vínculo con la institución. No todos los pacientes que concurren lo hacen solamente por necesidades económicas. Muchos de los que pueden acceder a una asistencia privada, prefieren hacerlo en un hospital porque valoran y jerarquizan la función de los profesionales de ese lugar. Saben que no hay dinero de por medio en sus vínculos y esto les proporciona un marco de confianza y seguridad.

Encrucijadas éticas
Hemos visto cambios en las demandas de las consultas. Hay comunidades de alto riesgo social, con recursos muy precarios en sus necesidades, donde aparecen conductas impulsivas. escasa mediatización de la violencia, marcada tendencia a la acción, déficit del pensamiento reflexivo, con un correlato de violencia familiar, promiscuidad, embarazos adolescentes, deserciones escolares, etc.
Asimismo las consultas de la población que tiene cubierta sus necesidades y un nivel cultural medio, presenta tendencias a la sobreadaptación, las personas se sienten sometidas a las exigencias sociales, presentan déficit del pensamiento reflexivo, tienen respuestas corporales repetitivas con un ausente registro de sus propias necesidades.
La sociedad actual aparece como impregnada de escepticismo y urgencia. con búsqueda de soluciones rápidas, con descalificaciones respecto del poco tiempo anterior. Es una situación de eterno presente, no hay tiempo de esperar al futuro, el pasado es histórico y tenemos mala memoria. Se generan situaciones de falta de sentido, vida vacía, pérdida de expectativas, narcisismo exacerbado y búsqueda de placeres sin límite.
Hay imperativos sociales: la belleza, la eterna juventud, el éxito, el dinero, el consumo que se traducen en el uso abusivo de la realidad externa con detrimento de la realidad psíquica. Los valores primarios tales como la verdad, la bondad. la virtud, ente otros, han ido oscureciéndose y se han perdido lazos solidarios, de prospección lógica y de cambio, de pertenencia y de esperanza.

En nuestro tiempo. parte de esta modificación ha sido relacionada con el avance del individualismo. En la década del 60, el individualismo que caracterizó a la modernidad estaba acotado por sus instituciones. escuelas, fábricas, religión, etc. Con el advenimiento de los medios masivos de comunicación y la sociedad de consumo, se debilitó todo aquello que podía limitar, de alguna manera, la expresión de la autonomía individual, avasallando ese efecto moderador. En este fenómeno confluyen una serie de rasgos, como la expansión de valores hedonistas, culto del cuerpo, ascenso del narcisismo y paralelamente empobrecimiento de las grandes ideologías. La modernidad era la cultura del futuro y la postmodernidad se transformó en la cultura del presente.
El hombre no cambió anatómica y fisiológicamente en los últimos siglos. La complejidad tecnológica, las comunicaciones, los medios de aproximación al conocimiento, la revolución informática, han modificado las condiciones sociales y el medio ambiente. en el mismo período.
Los equipos de salud no son ajenos a esta realidad. El profesional se siente exigido u obligado a resolver el conflicto del paciente, presionado por éste o por la institución, que coloca límites para obtener resultados o prontas resoluciones. El médico debe compensar el déficit de las insituciones, obligándose a respuestas heroicas con la consiguiente perturbación emocional (que significa una sobrecompensación): a veces con exageración de las indicaciones farmacológicas, atención de un mayor número de pacientes en la unidad de tiempo, altas sin el adecuado contralor, que son respuestas a un criterio numerador y estadístico y no calificador de excelencia.
La ciencia es mucho más que un cuerpo de conocimientos. Es un modo de pensar. nos invita a interesarnos en los hechos, aún cuando no se ajusten a nuestras ideas. Nos aconseja tener hipótesis alternativas en nuestra cabeza y ver cuál es la mejor para equipararlos. Nos impulsa a un equilibrado balance entre la apertura a nuevas ideas. y el más riguroso escrutinio de todo. Si bien alimentó la esperanza de resolver un buen número de problemas, poco después se ensució las manos con la fabricación del primer artefacto atómico, con la contaminación ambiental y la amenaza a la vida.
Los que creen que "su" ciencia es la "verdadcra" arrojan del paraíso a quienes consideran heréticos. Muchos debates nacen de una necesidad de los teóricos, antes que de una necesidad de las teorías. No se trata que la teorización deba proveer del diploma de "adelantado" a quienes la suscriban, sino que debe servir para la reflexión frente a los crecientes desafíos que nos depara la demanda de la tarea en la institución.

Un modelo de hace mucho.
Si el psiquiatra del principio del siglo era tan prisionero como sus pacientes de la institución asilar que los envolvía, hoy tenemos las puertas abiertas y la diversidad de opciones. En la Edad Media, primero los leprosos y después las enfermedades venéreas, significaron aislamiento y segregación. Más tarde estas patologías, junto con la locura, fueron integradas en el espacio de la exclusión, ya que también se atendían a los locos en los leprosarios. En el Renacimiento aparece un símbolo: "la nave de los locos", extraño barco donde se embarcaba a los locos como pasajeros, como una manera de retirarlos de las ciudades donde molestaban.
La locura pertenecía a las regiones del silencio, porque la prueba en contrario era la razón. Es en este punto donde se inserta la operación de Pinel, pero aparecen las contradicciones. Se les quitan las cadenas al loco, pero su libertad queda sometida a la voluntad del médico.
La función médica de la Psiquiatría y de los mecanismos represivos de una sociedad, tuvieron como proyecto ser una de las funciones del orden social que se sirvió de los asilos para dos fines: para tratar los casos más molestos y a la vez para dar una imagen de cientificismo presentando al hospital como fianza de la práctica psiquiátrica.
No olvidemos el período histórico en el cual existían las "Lettres de cachet", órdenes de encierro que en su inicio eran reservadas para el rey para deshacerse de sus enemigos, pero que también fueron utilizadas en otros ambientes, para semejantes necesidades. Aún ahora se puede pedir la internación de alguien con la excusa de su locura

Una viñeta.
"Se ha comprobado que cuando cada ganso bate las alas, produce un movimiento en el aire que ayuda al ganso que va detrás de él. Volando en "V" la bandada aumenta por lo menos en un 7 % su poder de vuelo, comparándolo con un ganso que vuele solo.
Cada vez que un ganso se sale de la formación, siente inmediatamente la resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de volar solo y rápidamente regresa a su formación, para poder beneficiarse del poder del compañero que va adelante. Cuando el líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los puestos de atrás y otro toma su lugar.
Cuando un ganso se enferma o es herido por un disparo, otros dos gansos se salen de la formación y lo siguen ayudando y protegiendo. Se quedan acompañándolo hasta que esté en condiciones nuevamente de volar, o hasta que muere. Sólo entonces los dos acompañantes vuelan a su bandada o se unen a otro grupo.
Por eso, en estos momentos de individualismo a ultranza, puede ser todo un elogio que lo a uno de... Ganso!".
Bibliografia.
-Vichi, Clara y Weinstein, Marcos: Clínica institucional pública. Un compromiso ético. 2º. Congreso Provincial de Psicología. La Plata. 1996.
-Vichi, Clara y Ballesteros, Ana: La salud de los profesionales de la salud mental. Jornadas Anuales del Centro de Salud Mental No.3.1998.
-Boletín No.1. Asociación de Profesionales de Psicopedagogía. 1998.
-Ballesteros, Ana; Vicchi, Clara y Hamra, Mónica: Pensamiento psicoanalítico ante al malestar en la institución pública. Mención al premio "Dr. Arturo Ameghino", 1997.


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MARCO ÉTICO DEL DERECHO
Liliana B. RODRÍGUEZ ELENICO


La vida, podría decirse, es el modo de ser de un sujeto en el mundo.Y para el caso de un manejo adecuado en el actuar profesional, indudablemente es necesario que ese sujeto posea un ajustado concepto de las normas éticas y morales que deben orientar su conducta como ser social.
En principio, estas normas son un elemento propio del hombre.
Por otro lado, ese hombre estará de acuerdo, o no, con otro conjunto de normas: las reglas jurídicas. Podrá percibirlas como forma de interdependencia social; o las obedecerá porque lo atemorizan puesto que una conducta contraria a la regla traería aparejado un castigo; o negará tal obediencia y quedará librado a las eventuales sanciones.
Pero tanto las normas morales como las de derecho no están dadas estáticamente, sino que cambian conforme lo impone la realidad a la que se aplican. Cuando superan lo individual para ponerse en favor del bienestar del prójimo: ese es el punto en el que son mutables.
En el actuar de todo sujeto, tanto la ética y la moral como la formación del derecho a través del tiempo -y el sentimiento de obligatoriedad que ambos órdenes despiertan- se instalan cuando están los otros.
Cualquier ley, sea moral o jurídica, regula las relaciones sociales. Son los demás los que, con su mirada y con su enseñanza, nos definen y nos conforman. Tal como afirma Umberto Eco: “Hasta quien mata lo hace en momentos excepcionales, porque el resto de su vida mendiga aprobación de sus semejantes”.
Creámoslo: en todos nosotros está ese instinto natural que nos lleva a actuar para desarrollar sentimientos de moralidad en pos del bienestar propio y ajeno.
Tomando como punto de partida la raíz desde donde partieron la ética y la moral, vemos ya sus diferencias. La palabra ética proviene del griego ethos, término que cuenta con la dimensión de lo que fue la cultura greco-helénica. Esa ética filosófica griega difiere de la filosofía moral posterior y sus formas, reflejo de la diferencia entre la sociedad griega y las estructuras sociales que le siguieron. Así, los términos deber y responsabilidad aparecen en germen; mientras que bondad, virtud y prudencia ocupan una posición central.
Para el ethos griego las expresiones obrar bien y vivir bien están entrelazadas. Vemos que la ética se preocupa por las acciones humanas: no son éstas meros movimientos corporales.
La función de esos términos valorativos consiste en calificar las diferentes posibilidades de conducta de acuerdo con los deseos de un hombre griego, pero no sólo en un momento determinado sino a lo largo del tiempo. Así se establecen objetivamente ciertas satisfacciones como más altas unas que otras, lo cual daría una norma que podría preguntar: ¿Qué es lo bueno para el Hombre?
Algunas doctrinas antiguas de los pueblos griegos clásicos colocan al hombre en el contexto del cosmos y no en una comunidad determinada local, explicando que él, sobre la base de esas reglas, lo que procura en realidad es evitar el dolor más que buscar el placer.
Por su parte, el vocablo moral -proveniente de la vertiente romana- apuesta a la dimensión del despliegue hegemónico de las posturas de la acción (moral o reglas para todos).
Generalmente, en toda sociedad hay un sentimiento difuso de obligatoriedad, frente al sujeto y también frente a organizaciones sociales de donde nace una cierta exigencia por parte de otros.
Siguiendo así una línea arbitraria, podríamos hablar de la moral y de la ética en tantas posturas como autores han escrito sobre ellas.
Entonces, encontramos a la ética como un tipo de obrar con relación al sujeto y a los actos con otros sujetos, tratando de coordinar este obrar con una serie de posibilidades e imposibilidades. O como una costumbre que el uso común ha aceptado, normas que rigen la convivencia social.
Hay autores que distinguen a la moral como un orden interno, a diferencia de la institucionalización del derecho que sería un orden externo. O bien ven a la moral como un sistema mediante el cual la conciencia propia del individuo constituye la autoridad y sigue el deber interno, a diferencia del derecho que es un fenómeno jurídico-político en el que la autoridad es el poder. -La República Romana tomó pautas morales y las volcó en normas de acción pública. Allí nació el Derecho positivo.-
Si nos ubicamos en una sociedad contemporánea, según el estudioso del derecho Hans Kelsen vemos que el hombre puede actuar de determinada manera frente a otros hombres u otros objetos. Esta forma puede ser mediata o inmediata, según cómo se presente la acción con el objeto. Un orden normativo que regule ese comportamiento humano en cuanto está en relación mediata o no con otros hombres constituye un sistema social, y ve que tanto la moral como el derecho son regulatorios de tales sistemas sociales.
Sigue diciendo Kelsen que se confunde a la moral con la ética y al derecho con la ciencia jurídica. Pero la distinción entre moral y derecho no puede referirse a la conducta a que obligan las normas de ambos órdenes sociales; tampoco puede sostenerse que el derecho prescribe una conducta externa y la moral una conducta interna, pues puede probarse que ambos órdenes determinan los tipos de conducta. Para ello da un ejemplo: “Si un orden jurídico proscribe el homicidio, no sólo prohibe la muerte de un hombre mediante el comportamiento externo de otro, sino también una conducta interna”. En consecuencia, no se debería diferenciar el derecho de la moral, pues ambos ordenan o prohiben. Habría que distinguir, sí, cómo ellos lo hacen con respecto a una determinada conducta humana.
Entonces puede probarse -sigue afirmando Kelsen- que la función de todo sistema social sería, desde un punto de vista sociológico, tratar de que el hombre se abstenga de realizar ciertas conductas consideradas perjudiciales, calificadas así desde la visión de otros hombres.
También afirma que aquel sistema social que puede exigir una conducta humana y simultáneamente darle al mismo comportamiento un premio o ventaja, o por el contrario a la conducta opuesta establecerle una desventaja o sanción, es el orden jurídico. Lo obligatorio no es la conducta debida, sino que lo debido es la sanción y lo obligatorio es el cumplimiento de la sanción.
Podría decirse que hay una tajante oposición entre aquel orden que establece sanciones y aquel que exige una conducta determinada sin ligar a ella una recompensa o pena. Y si bien la moral es considerada como el conjunto de normas por las cuales no se aplican sanciones, está demostrado que el aprobar o desaprobar determinada conducta hace que el hombre se maneje moral o inmoralmente frente a los otros. En consecuencia, también se estarían aplicando sanciones en el ámbito del orden moral.
Lo que además puede afirmarse es: que al derecho puede vérselo diferente de la moral cuando el primero es concebido como un orden coactivo, como un orden normativo que trata de producir determinada conducta humana; mientras que la moral es un orden social, cuyas sanciones se reducen a la aprobación o desaprobación de una conducta conforme a la norma.
Se dice que el derecho es un orden jurídico, un orden de la conducta humana. Pero qué se quiere decir con que es un “orden”. Entonces Kelsen explica: es aquel sistema de normas cuya unidad está dada por el mismo fundamento de validez que el de la norma fundante del sistema, a diferencia de aquella norma aislada que sólo pertenece allí cuando su validez reposa en la norma fundante de ese orden.
La nota común de los sistemas sociales designados como derecho es que todos son coactivos, que reaccionan frente a un mal; por ejemplo frente a la privación de la salud, de la vida, de los bienes, etc.
Lo explicado anteriormente da como resultado, según época y lugares, que el ideal del valor supremo de uno u otro orden social deje como presupuesto que no exista un sistema moral absoluto. Por lo tanto, estando la moral formada por valores relativos -entre muchos sistemas morales posibles- y considerando que el derecho naturalmente es moral, al basarse el orden jurídico en un juicio de valor relativo puede en consecuencia corresponder a un grupo y contradecir a otro grupo al mismo tiempo.
Otros autores, también desde el punto de vista positivo, explican que a menudo puede verse la existencia de reglas jurídicas que son obedecidas sin estar vinculadas con normas morales. Por ejemplo, Theodor Geiger afirma que, en general, el ciudadano se siente más fuertemente obligado ante su propia conciencia que ante la autoridad de la sociedad. Y así resulta que la amenaza de la pena logra, en algunos casos y respecto de ciertas personas, crear concepciones morales. En cambio -según este mismo autor-, el orden jurídico debe ordenar la vida de toda la sociedad y no puede depender del efecto moralizante de la amenaza de una pena. Entonces -afirma-, como no todos los que obedecen las reglas jurídicas las incorporan considerándolas y aplicándolas en su actuar cotidiano, puede decirse que el derecho no tiene que ver con la moral.
En este orden de ideas entiende Geiger que hay una emancipación entre derecho y moral, sin desconocer que la filosofía del derecho y la jurisprudencia en general tratan de mantener pretensiones moralizantes del derecho. Para él, de lo que se trata es seguir una línea de pensamiento que no contenga ese tipo de ideas.
Admite que algunas personas actúan siempre de acuerdo con las reglas jurídicas y sienten que hacerlo es un deber moral. Pero podría demostrarse que no es así, pues no cree que sea posible sentar toda la teoría del derecho sobre la idea de la naturaleza moral del derecho propiamente dicho, ni pensar que el motivo moral sea el fundamento de la conservación del orden jurídico: Por lo cual -afirma-, deberá basarse en otra motivación: demostrando que el derecho -al ser el sistema del actuar regular cuya autoridad es el poder central- tiene su fundamento en un motivo específicamente jurídico tomando en cuenta al hombre en su interdependencia social. Así el derecho sería un fenómeno político social del poder.
Parecería que una brecha se abre entre la ética y el derecho situándose a partir de sus fundamentos. La primera surge de una regulación genuina del orden del actuar, a partir de la responsabilidad individual y frente a los otros. El segundo aparece como una necesidad del orden del actuar social que se regula a partir de un saber jerárquico, y por lo tanto ligado al poder.
Sin embargo, esta escisión se resuelve en una conciliación entre los fines del hombre y sus objetivos primarios, ligados a su vida de relación social.
Para la ética, el hombre en su accionar debe ser consecuente con un ideal, con la exclusiva responsabilidad de su acción. Para todo ello se requiere estar bajo la mirada del imperio de la ley que establece el régimen jurídico, en ese lugar determinado, dirigido a un bien común.

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Libros.

"BIOÉTICA TEMÁTICA", DE ARMANDO PÉREZ DE NUCCI.
Luis ALLEGRO

"La medicina del siglo XX es fundamentalmente una medicina de decisiones éticas. Frente al poderío que representan los nuevos conocimientos y las nuevas técnicas incorporadas, que permiten curar muchas enfermedades hasta hoy consideradas fatales aparece en el médico la perplejidad frente a este enorme poderío que muchas veces no sabe cómo aplicar en el paciente concreto, aquél de carne y hueso que tiene frente a sí todos los días.
La medicina actual puede interferir el genoma y crear procedimientos para variar la pesada carga genética de enfermabilidad , curar el cáncer con radio o quimioterapia, mantener la vida suspendida, manipular la concepción, congelar óvulos, espermatozoides y embriones indefinidamente, en fin, borrar los que hasta ahora considerábamos los límites normales de la vida y de la muerte. Frente a este poderío técnico, podemos los científicos de hoy decir que somos gigantes de la ciencia y enanos de la ética." Con estas palabras comenzó, el Dr. Pérez de Nucci su discurso ante la Honorable Legislatura de Tucumán para la promulgación de la Ley número 6507 de creación de Comités de Etica Hospitalarios.
Con el Dr. Armando Pérez de Nucci hemos trabajado juntos durante varios años como miembros de la Comisión Nacional de Bioética del Ministerio de Salud Pública de la Nación. Allí aprendí a conocer las distintas facetas de su personalidad, por el desempeño destacado que siempre evidenció. El Dr. Pérez de Nucci tiene en su haber antecedentes muy importantes: es Miembro de las Academias Nacionales de Medicina y de la Historia, del Centro de Culturas del Río de la Plata de la Universidad de la Sorbona (París), Ex Director del Departamento de Humanidades Médicas de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Tucumán, etc. Además dicta cursos sobre Humanidades en distintas universidades de América y Europa y publica en forma sistemática en distintos medios periodísticos del ámbito de la Salud, artítculos sobre bioética..
El Dr. Pérez de Nucci ha publicado "Bioética temática" en colaboración con Enriqueta Victoria Zuccardi, Armando Pérez de Nucci y Lisa David Molinuevo, (Ediciones Universidad Católica de Santiago del Estero, !998). En un tomo de 258 páginas, el autor ha publicado una obra que muestra una parte muy importante de su trayectoria en el campo de la Bioética desde sus comienzos, como pionero de esta disciplina, junto al Dr. José A. Mainetti en la década de los 1980. En su diversificado temario, Pérez de Nucci transita en tópicos que abarcan Humanidades Médicas; aspectos legislativos y universitarios de la Bioética; los Comités Hospitalarios de Etica, la ley de creación de los mismos; la Bioética: del medio ambiente, de la investigación científica en seres humanos, su relación con los Derechos Humanos en Psiquiatría, con la eutanasia, con la medicina tradicional y la popular, con la ginecología y la obstetricia, con la fertilización asistida, con la explosión de Hiroshima, etc. Estos temas son desarrollados con tal robustez que su lectura y estudio enriquecerá el dictado de todo curso de Bioética.


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LA ETICA SURGE COMO UNA NECESIDAD DE LA CONVIVENCIA
Luis ALLEGRO

1. El ser humano busca imperiosamente vivir acompañado. Esto es en función del instinto gregario. Las bandadas de pájaros, los cardúmenes de peces y las manadas de lobos hacen pensar que en los animales también hay un instinto gregario que los lleva a agruparse. La explicación que más convence es que el agrupamiento -por ejemplo, de los cardúmenes- provee un mejoramiento ecológico que favorece las condiciones biológicas. La primera conclusión que podemos obtener es que el agrupamiento favorece el mejoramiento de la vida y del desarrollo.

2. Como una consecuencia de esto surge el grupo humano del cual se derivan el grupo social, las comunidades y toda la sociedad. El agrupamiento de los seres humanos es un hecho espontáneo y necesario.

3. El grupo que se mantiene en su funcionamiento y adquiere continuidad en el tiempo se institucionaliza. Institucionalizarse significa adquirir pautas de funcionamiento que se repiten durante lapsos significativos. Entonces requiere como condición de sobrevivencia, el surgimiento de normas de convivencia. Esto sostiene la conjetura de que en el ser humano hay por una parte, tendencias sociales (positivas) y por otra, tendencias antisociales (negativas). Las primeras son la expresión del instinto gregario y tienden a la unión, la armonía y a la integración social. Las segundas, en cambio, buscan la desarmonía, la desunión, la desintegración y la destrucción del grupo en su totalidad o en forma parcial en un solo individuo; por ejemplo es el caso del "chivo emisario". Para que el grupo sobreviva es necesario que surjan las normas de convivencia: éstas son indispensables para la integridad constitutiva y funcional del mismo. Estas normas grupales perfilan una identidad grupal y un sentimiento de pertenencia en los integrantes del mismo.
Aquí está el germen de las normas éticas: por la costumbre que se adquiere al repetir comportamientos que tienen carácter social. El término "ética" viene de "ethikos" que en griego significa "costumbre". Para que un comportamiento tenga carácter social debe privilegiar el vínculo del individuo con el otro. En este sentido la ética condiciona un carácter vincular en los individuos entre sí y a su vez está condicionada por éste.
Solomon E. Asch [1] (p. 354) dice que "los orígenes de las normas se perciben en una organización de grupo espontána.. La más simple manifestación de una acción colectiva contiene rudimentos de orden; la presencia de una tarea en común y la aprehensión por parte de los participantes de las posibilidades de la situación, guía y rectifica sus acciones." Para que los individuos entren en una tarea de cooperación es indispensable que se establezcan acuerdos mínimos entre sí sobre las condiciones en las que dicha ta­rea debe ser realizada. "Tales normas constituyen una forma de decisión de grupo que surge en respuesta a la percepción de la dependencia mutua." Cuando estas normas tienen un sentido social se apoyan en principios de beneficios recíprocos.
4. El individuo mantiene relaciones de intercambio con el medio y con el grupo social, tanto a nivel biológico como psicológico. En el nivel psicológico se dan funciones de introyección y de proyección. Las funciones de introyección incorporan elementos psíquicos (vivencias, afectos, sentimientos, etc.) al psiquismo produciendo así un proceso de enriquecimiento interno en el mismo. Las funciones de proyección extroyectan tanto en el medio como en los otros individuos del grupo, elementos que son representantes de productos internos. Por ejemplo, los elementos de la cultura son representantes de dichos productos psíquicos puestos en el medio; la educación que recibe un niño es un producto de dicha extroyección psíquica.
5. En el psiquismo humano se reconoce una estructura psíquica -que en términos psicoanalíticos se denomina "superyo"- que está formada por la introyección del medio exterior en el psiquismo: la madre, el padre y los demás familiares, en el sentido de lo que estos personajes han educado y enseñado a este individuo especialmente cuando este era niño. Lo que es aprendido en la infancia perdura toda la vida. Las normas de convivencia junto con los valores es incorporada en esta estructura que así viene a ser la depositaria de las normas morales y de la ética.
6. Así tenemos dos estructuras éticas. Una relacionada con el individuo de carácter psicológico, que es interna e inherente a él. La otra es externa y corresponde al grupo social: son las normas éticas del funcionamiento grupal. Sus representantes son las funciones evaluativas y judicativas. Entre la estructura intraindividual y la estructura social hay un intercambio dialéctico de tal modo que ambas se interinfluencian recíprocamente.
7. Junto a las normas están los valores. Lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, constituyen valores a los que se los utiliza para evaluar un comportamiento. Veamos un ejemplo utilizado por Asch: "un médico, poco después de ha­ber aceptado un nombramiento en un hospital, recibe un ofrecimiento que es muchísimo más ventajoso. Siente entonces que una manera de actuar es tentadora y la otra obligatoria." Agrega que el sentido de lo correcto impulsa a que se actúe en esa orientación. Esto se torna una perentoriedad que funciona como una fuerza directriz: la "obligatoriedad" que está en el trasfondo de lo que es la responsabilidad.
Pero también están los ideales, las aspiraciones, los deseos, los niveles de exigencia en el desempeño y en la producción, los modelos que se buscan alcanzar o reproducir de alguna manera. Estos y muchos más constituyen valores que dan sentidos determinados a los comportamientos individuales y grupales.
Estos sentimientos se tornan en valores que en definitiva son los que dan cohesión al grupo, sentimiento de pertenencia y calidad en los desempeños y en los resultados.
Los médicos constituimos un grupo, los enfermos que reciben la atención de los médicos constituyen otro grupo y el conjunto de ambos grupos forma lo que podría llamarse la comunidad terapéutica. En ellos están contemplados los grupos que directa o indirectamente están relacionados con la actividad médica (paramédicos, enfermeros, asistentes sociales, obras sociales, instituciones del estado, etc). En este conjunto social surgen forzosamente razones y necesidades de convivencia. Estas razones y estas necesidades condicionan los valores y las normas éticas indispensables.

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[1] Asch, Solomon E., Psicología Social, Buenos Aires, Eudeba, 1962.

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