REVISTA DE LA
SOCIEDAD DE ETICA EN MEDICINA
Sociedad componente de la
Asociación Médica Argentina
Comisión Directiva
Presidente: Dr. Luis A. F. Allegro
VicePresidente: Dr. León Cubellun
Secretario General: Dr. Jorge F. Yansenson
Pro-Secretario: Dr. Horacio Dolcini
Tesorero: Dr. Agustín Candioti
ProTesorero: Dr. Julio N. Cosen
Vocales:
Dr. Rolando Hereñú
Dra. Rodica H. de Cosen
Vocales Suplentes:
Dr. Fabián L. Allegro
Dr. Daniel Levy
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Dr. Claudio Goldini
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Dr. Marcelo Cubellun
Dr. Fiz Fernández
Asesoría Letrada:
Dra. Liliana B. Rodríguez Elenico
Revista de la Sociedad de Etica en Medicina
Director: Dr. Rolando Hereñú
Editor: Dr. Luis A. F. Allegro
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SUMARIO
1. Código de Ética para el Equipo de Salud, presentación de la traducción al árabe.
2. Entrevista con el Acad. Prof. Dr. Vicente Gutierrez Maxwell.
3. Ética, pobreza y salud : una propuesta desde la filosofía. Dr. Armando Perez de Nucci.
4. La ética, la ciencia y los valores. Dr. Luis Allegro.
5. Adiós al Maestro Prof. Dr. Marcos Meeroff. Dr. Luis Allegro.
6. Dr. Marcos Meeroff., Dr. Julio Nestor Cosen.
7. In Memoriam. Dr. Eduardo Del Caño.
8. Elegía para un Maestro. Dr. León Cubellun.
9. Vida, Obra y Persona del Prof. Dr. Marcos Meeroff. Dr. Roberto M. Cataldi Amatriaim.
10. Concepción Ética del Humanismo. Dr. Marcos Meeroff.
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Código de Ética para el Equipo de Salud
Presentación por el Presidente de la Asociación Médica Argentina, Prof. Dr. Elías Hurtado Hoyo, de la versión traducida al árabe.
S.E.R. Metropolita Arzobispo de Buenos Aires y Primado de Argentina de la Iglesia Católica Kirilos Doumant
Sr Imán de los Musulmanes en la Argentina Shij Ahmad Mamad Lelah
Sr Horacio Mumir Hadadd. Presidente del Consejo Administrativo Ortodoxo
Lic Adel Mohamed Made. Presidente del Centro Islámico de la República Argentina
Sres Embajadores, Académicos, Profesores, Presidentes de Sociedades, amigos de las distintas comunidades y socios.
La Asociación Médica Argentina fue fundada el 5 de septiembre de 1891 para dedicarse a la Educación. Sus principios tenidos hasta la fecha señalan su independencia política, la libertad de razas y credos y la igualdad de sexos. Desde sus orígenes ha sido un bastión de la democracia que ha sabido mantener a pesar de los grandes avatares nacionales y mundiales del siglo XX.
Las Comisiones Directivas de la Asociación Médica Argentina y la de su sección la Sociedad de Ética en Medicina presentaron en el inicio del siglo XXI, el Código de Ética para el Equipo de Salud de la Asociación Médica Argentina, para guía y ayuda en el desempeño de sus asociados, y, para todos aquellos otros Miembros del Equipo de Salud y/u Organizaciones de Salud, que deseen adherirse al mismo. Se presentó como un Código abierto, por ser perfectible o completado en sus actuales contenidos, y, por ser dinámico dado que podrá ser modificable a través del tiempo acorde a la evolución del Hombre y de nuestra Sociedad.
Comenzaremos agradeciendo al Consejo Administrativo Ortodoxo y al Centro Islámico de la República Argentina por su claro compromiso para la traducción de este Código, de tanta importancia para nuestra Institución. Son muchos los que han trabajado, por lo que haré el agradecimiento general en la figura del Dr Carlos Juri. No puedo dejar de mencionar a mis cirujanos árabes de mi Departamento de Cirugía del Hospital Durand, los Dres Hussain Ather Sahibs y Abuchanab Zahed.
La importancia que ha asumido este Código a dos años de su presentación, se los resumo en tres hechos: el creciente número de instituciones médicas que han adherido al mismo; que la Justicia, tanto en fueros civiles como penales ya han basado sentencias en sus contenidos; y las traducciones a varios idiomas ya concretados: inglés, francés, portugués, griego y ruso. El Dr Miguel Vizakis, actúa como Coordinador General de Idiomas. Hoy se presenta en el 7º idioma, el árabe. Resaltamos el hecho como un gesto de Cultura que realiza nuestra Asociación, teniendo como vectores a nuestros socios.
La centuria del 1900 ha sido de sorprendente evolución para las Ciencias de la Salud, basada en sus propios aportes y apoyada por el desarrollo de otras profesiones. Frente a los maravillosos e impresionantes avances del conocimiento que dan a nuestra actividad un sustento cada vez más científico, resolviendo cada vez con más exactitud la problemática de la salud del hombre (sano-enfermo), subyace un esfuerzo indeclinable en defensa de los verdaderos valores del Ser. El objetivo de la Salud se da en el completo equilibrio del bienestar psicofísico social y espiritual de la persona y de la comunidad. La Responsabilidad del Equipo de Salud es lograrlo. La única forma de asumirla es fortalecerse en todos los ámbitos del quehacer humano frente a las grandes problemáticas de la humanidad como son las guerras, la pobreza, el hambre, el hacinamiento, la ignorancia, la inseguridad y la impunidad. Su esencia espiritual está constituida por el respeto por la vida, de los fueros de la persona humana y de su contexto familiar, social y del medio ambiente. La Salud es una de las bases fundamentales de la civilización junto a la Educación, el Trabajo, la Justicia, la Seguridad y la Fe. Sólo en la interrelación con cada una de estas fuerzas se puede cumplir con los postulados de nuestra profesión.
Para la Asociación Médica Argentina el camino ético de la Atención de la Salud es una permanente búsqueda Responsable de la Verdad en Libertad. El conocimiento científico-técnico, ante el desbordante mundo tecnológico, no alcanza en el “acto médico”. Se requiere algo volitivo del Hombre-Miembro del Equipo de Salud en cada una de sus tomas de decisiones que exprese la “madurez” y la “experiencia” adquiridas en su profesión, y, en su evolución existencial como persona. Este “algo más” permite ir incorporando dichos avances dentro de límites que faciliten mantenerse dentro de los Valores Sociales.
El Equipo de Salud tiene el privilegio más grande al que puede acceder un ser humano; está autorizado legal y éticamente a profundizar en las intimidades del templo de la vida que representa cada persona lo que representa estar en el centro de la defensa permanente de los valores que hacen a la dignidad y a la esencia del hombre.
El Equipo de Salud debe combinar en una unidad armónica las virtudes físicas (la salud, la fuerza y la belleza), con las virtudes del alma (la piedad, la valentía, la moderación y la justicia). Como líderes de opinión son una de las piedras fundamentales de nuestra sociedad. Deben ser educadores sociales conjugando la educación sofística, por los hechos y por la transmisión de las habilidades de cada especialidad, con la educación socrática, por que son formadores de conciencia en la búsqueda de las exigencias del bien común. Difícil de dirimir para el Equipo de Salud los caminos entre lo cotidiano existencial del plano de lo trascendente.
En los fundamentos de todo Código se encuentra una determinada concepción antropológica y ética, un cierto perfil del hombre y de los valores aceptables y deseables para la vida social o comunitaria. Este Código establece el concepto de que “La Salud es una Responsabilidad De Todos”. Sean Miembros del Equipo de Salud o no Miembros del Equipo de Salud, nadie puede sentirse excluido de sus deberes por ser parte de la comunidad, por lo que todo aquel ciudadano, político, empresario, funcionario, como la Sociedad en sus distintos roles, (estado, organizaciones civiles y otras), se transforman en Agentes de Salud, por lo que su accionar debe regirse por este Código, el que también establece lo que denominamos “Cascada de Responsabilidades en Salud”. A su vez la persona en sí tiene un grado de responsabilidad cuando cruza la línea de la Atención Médica evitando los pasos que le garanticen su salud.
El Miembro del Equipo de Salud debe familiarizarse con las situaciones de conflicto en que entran a veces sus principios morales. El pluralismo moral da derecho a la interpretación autónoma por parte del sujeto actor. Sólo su buen juicio le señalará cuál de ellos debe ser tenido como deber. La ética atañe a la bondad intrínseca de las acciones; quien ejecuta leyes coactivas no es por ello virtuoso. “La moralidad sólo es precisada por las leyes éticas, pues aun cuando las leyes jurídicas tuviesen una necesidad moral su motivación seguiría siendo coacción y no la intención”.
En los tiempos de Sócrates y de Hipócrates los conocimientos médicos se transmitían en el grupo familiar; era como un sacerdocio profesionalizado. No existían disposiciones que obligaran al practicante a ser responsable de sus actos, como si ya ocurría en Babilonia donde el rey Hammurabi, 1800 años AC, registró en su famoso Código los derechos y obligaciones de los profesionales de la medicina. Esta falta de disposiciones reglamentarias en Grecia, indujo a dictar sus normas de conducta, las cuales quedaron consignadas en un documento que pasó a la posteridad con el nombre de “Juramento Hipocrático” por el cual el médico asumió, motus propio, responsabilidades que ni la Sociedad ni el Estado le habían fijado.
Llegada la Edad Media el cosmos natural, divino, vedado para el hombre, comienza a ser revelado por la razón. La medicina islámica está fuertemente influida por la concepción religiosa y antropológica del Corán, pero también tiene en su origen una perspectiva abierta y enriquecida por las tradiciones tanto griega como oriental (hindú), a partir de las cuales logra en la Edad Media convertirse en una medicina en muchos casos “modelo” y fuente de consulta en las universidades europeas más destacadas. Tiene una visión integral del hombre como parte de un todo con el que debe estar en armonía, y esta supone la armonía de su propio universo físico-psíquico y espiritual. En este sentido tiene una visión crítica de la práctica especializada de la medicina occidental, en tanto fragmenta lo que debería abordar en conjunto, enfocando la enfermedad dentro del entramado total del individuo y su medio. Hay un alto componente prescriptivo en el Corán, respecto de las conductas apropiadas para una vida saludable y también respecto del tratamiento médico, restablecer la armonía del hombre consigo mismo, sus semejantes y su entorno, en pos de una vida espiritual acorde a los mandatos divinos. Pasan los siglos y a ese orden natural cerrado, esotérico, se le opone la Ciencia, que es de creación humana. La ciencia... fue considerada éticamente neutra hasta el holocausto de Hiroshima y Nagasaki en 1944. Se comprendió que las implicancias derivadas de los aportes científicos podrían ser funestas para la humanidad por sus efectos sobre la naturaleza. Comienza una nueva concepción moral para la conducta humana, a través del desarrollo de una ética ecológica... A esa ética más abarcativa se le dio el nombre de “Bioética”, que incorpora nuevos preceptos acordes a la modernidad. La nueva Ética en Salud le quita al ejercicio profesional la dimensión tradicional de ser un compromiso entre dos (médico-paciente) para ampliar el escenario y los actores. De bipersonal se convierte en pluripersonal, pues interviene ahora la comunidad. De ética individual se transforma en ética social... Podría decirse que es un campo especial de la Ética, aplicado a la tematización reflexiva de prácticas científico-tecnológicas que involucran seres vivos (o la biodiversidad en general), pero también implica factores de política sanitaria, de política económica y otros del campo jurídico, por lo que excede meramente a lo “ético” en sentido estricto, y abre un espacio multidisciplinario para abordar cuestiones relacionadas con prácticas médicas.
Tanto la moral como la ética son productos culturales, esto es, están en estrecha relación con las visiones religiosas, metafísicas, étnicas, lingüísticas, etc, en las que los distintos grupos humanos construyen, alimentan y sostienen sus valores. La diversidad cultural trae entonces aparejada una multiplicidad de moralidades diferentes que coexisten, más o menos conflictivamente. Si el proyecto de la Modernidad, entre otras cosas, pretendía fundar las bases de una moralidad racional universal que comprendiese a la totalidad de los seres humanos, independientemente de su ubicación geográfica, su circunstancia histórica y su contexto social, hoy en día se reconoce la relatividad cultural y la especificidad moral, como un hecho incontrastable que debe tenerse en cuenta a la hora de construir propuestas éticas. En este sentido, el diálogo, el respeto, la tolerancia por lo diferente, y, el consenso tienen un lugar de privilegio, porque son la condición de posibilidad de cualquier acuerdo en el terreno ético.
Esto supone, como mínimo, un punto posible de confluencia e intercambio racional de las opiniones diferentes, y, a veces divergentes. La racionalidad, como elemento común, y la voluntad de lograr un acuerdo, están supuestas aún como características universales de mayor homogeneidad. Esto es más claro dentro de las distintas comunidades científicas.
Hay una propuesta interesante para que la ética médica sea el paradigma del entendimiento racional entre las diferentes comunidades culturales y, por ende, morales: “La ética médica moderna puede servir, en efecto, como ejemplo alentador de un diálogo ético internacional dirigido a crear políticas éticas universales y normas éticas concretas para implementar valores abstractos como el respecto y la justicia”. En efecto, existe una ética médica transcultural, que se está expandiendo. En la ética médica internacional, una cultura no impone sus valores o políticas sobre otras, más bien abre un diálogo para compatibilizar los valores universales con los transculturales. Los comités de revisión ética, locales o nacionales, deberían aplicar las normas universales, en lugar de obviarlas o someterlas a costumbres particulares que estén reñidas con aquellas.
El fin de la Ética es facilitar el recto actuar de la persona, delimitando la bondad o maldad de los actos. Su objetivo no tiene como finalidad saber qué es la virtud, sino llegar a ser virtuoso. El bien acerca a la verdad. Los tres grandes principios éticos destinados al recto obrar humano, según la premisa ética de la recta razón, que juramentamos cumplir, son muy sencillos: haz el bien y evita el mal; no hagas a otro lo que no desees que hagan contigo; y haz a los demás lo que desees que hagan contigo. Esto plantea defender que nuestras actividades se ejerzan a través de intervenciones libres y autónomas... aliviando “al otro” aún a riesgo de hacer nuestro su sufrimiento... En ese intercambio humano no dimensionable, entre dos seres... uno que confía y otro que protege... está en gran parte del secreto de la calidad de la atención médica...También nos comprometimos a acompañar al buen morir de nuestros pacientes respetando sus valores culturales y religiosos. Declarada la salud un bien esencial, ha pasado a tener estatus de derecho humano básico. Lo que afecta a la salud amenaza la vida personal y el equilibrio social... Para frente a cualquier crisis o duda profunda de conciencia se recurre a la Ética como punto referencial máximo, por estar ubicada en un plano superior y dominante en cuanto tiene esencialidad y jerarquía. El accionar del Equipo de Salud se basa en el compromiso de la Conducta y dirigido por el Deber.
Dada la grave crisis económica, social, política y sobre todo moral que atraviesa la República tened presente que el Equipo de Salud, es parte de la reserva, de la esperanza y de la alegría del país. Que nadie nos baje los brazos en esta lucha. Háganlo con orgullo, predispuestos siempre para los cambios con objetivos que son los que llevan al progreso... Sin cambios no hay historia...
Queridos hermanos árabes gracias por vuestra comprensión y esfuerzo en este trabajo conjunto...que permite vislumbrar que la Argentina sea la “tierra prometida” de estos tiempos...Gracias por este acto de entrega y amor...S.E.R.Metropolita Kirilos Doumant...Sr Imán Shij Ahmad Mamad Lelah... gracias por acompañarnos en esta reunión...Sólo queremos que todo esto sea un mensaje de paz y amor para toda nuestra querida nación...
Prof Dr Elías Hurtado Hoyo
Presidente Asociación Médica Argentina
Profesor Titular Cirugía (Uba)
Director Carrera Cirugía Torácica (Uba)
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Ética, pobreza y salud: una propuesta desde la filosofía [1]
Armando M. Pérez de Nucci [2]
No es tarea fácil el intentar la resolución de la pobreza en el contexto de la salud y la sociedad en general. Menos su abordaje desde la filosofía,`por lo que trataré de ir acercando propuestas e ideas, desde la perspectiva de la Ética, a la que considero el eje fundamental alrededor del que debe darse el cambio . Un cambio que debe transcurrir, al menos, por los siguientes factores condicionantes: preservación y fortalecimiento de los espacios públicos remanentes, desarrollo de la capacidad de interactuación y de la red de contención espontánea, solidaridad como construcción social, eliminación de la exclusión, reflexión filosófica acerca de los problemas de la medicina actual relacionada con la situación de pobreza y aportes interdisciplinarios.
¿Por qué pensar la pobreza y la salud desde la filosofía? ¿Por qué filosofar desde los pobres? Al menos estas fueron las dos preguntas iniciales que me planteé al encarar este tema, al iniciar el estudio e intelección sobre la pobreza para tratar de acercar una propuesta a la problemática del pauperismo y el deterioro de la salud de nuestro pueblo a comienzos del siglo XXI. En mi experiencia de profesor de Humanidades Médicas siempre ocupó un lugar preponderante la opinión de médicos y legos acerca del valor y la posibilidad de acción de estas disciplinas -en especial la filosofía- en la resolución de problemas relacionados con la salud. Muchos han cuestionado la presencia de materias tales como Historia de la Medicina, Bioética, Antropología Médica y Epistemología en la currícula de la carrera de médico. Pero lo preocupante es el doble discurso moral existente en muchos centros acerca de ellas, un discurso que habla de humanizar la medicina acompañado de reducción de horas de dictado de tales asignaturas, como si su cultivo e intelección solamente sirvieran como una ilustración expiatoria, frente a la sociedad que reclama cambios de fondo a una medicina que no satisface a muchos y menos colma las expectativas de otros. Algo similar podemos decir de profesores no capacitados a cargo del dictado de estas materias.
Muchos se han preguntado desde la medicina y otros ámbitos académicos, si vale la pena dedicar horas de estudio a la filosofía, convencidos de que existen otras prioridades en nuestra sociedad frente al fenómeno de la pobreza y sus consecuencias sobre la salud de nuestro pueblo, como la desnutrición, el aumento de la tasa de mortalidad infantil y materna, el retraso de crecimiento en niños y adolescentes, la prostitución, los hospitales colmados de indigentes, la falta de recursos médicos, etc. Todos estos problemas se presentan a simple vista como urgencias inmediatas a resolver -y ello es cierto por otra parte- dejando para más adelante la reflexión sobre estos problemas, el desarrollo de una solidaridad organizada y efectiva, la mejora de las condiciones de vida, la creación de fuentes de trabajo, la regulación y efectividad de planes sociales a largo plazo, la formación de médicos, economistas y agentes sanitarios y sobre todo el trabajo de filósofos y médicos que transcurran el camino de la filosofía .
Desde mi punto de vista, que es dual, porque tiene dos caras como el dios Jano -la de la medicina y la de la filosofía- en una Latinoamérica de las desigualdades y la pobreza, la experiencia de la filosofía es fundamental, precisamente porque la mayoría de nuestro pueblo es pobre y esa pobreza incide en el desarrollo integral y en la igualdad de oportunidades de nuestra nación. Por ello planteo la necesidad de dedicar al problema de la pobreza una reflexión y una propuesta desde la filosofía. Una filosofía comprometida, situada en contacto con los problemas de nuestro pueblo. Una filosofía como lo manifiesta Emmanuel Monier, asentada en la realidad, porque:
Se habla siempre de comprometerse como si dependiera de nosotros; sin embargo ya estamos comprometidos, embarcados, pre-ocupados. Por ese motivo, toda abstención es ilusoria [3].
Se hace necesario, pues, una voz desde la filosofía – junto a la de los economistas, políticos, sanitaristas, académicos, por citar algunos- que piense desde los pobres y aporte propuestas a un continente marginado, en el que el paradigma de las tres E se ha constituido cada vez más en realidad actual en referencia a los pobres :
Explotación; Exclusión; Eliminación
En segundo lugar, reafirmo aquí lo que con insistencia he venido comentando por años acerca de las disciplinas situadas. Se hace cada vez más necesario insertarse en la realidad de nuestro pueblo y cada médico, cada filósofo, es hijo y partícipe de su tiempo y su historia.
No es lo mismo filosofar desde la pobreza y tratar de acercar soluciones desde la Argentina de 2004, que desde el denominado Primer Mundo. Uno solamente se convence de la realidad que lo ha vencido solía repetir con frecuencia mi maestro español, Don Pedro Laín Entralgo, incansable profesor y discípulo a su vez de Xavier Zubiri. La única verdad es la realidad, decía a su vez el General Perón .Es necesario dejarnos vencer por la realidad de nuestros pobres y filosofar desde ellos para tratar de revertir la situación en la que nos hallamos. No hacerlo así sería traicionar nuestra historia. A esta situación se refiere el filósofo colombiano Rubio cuando manifiesta que:
El campo intelectual se abre a la fecundidad de una reflexión nueva, distinta, que interprete al hombre nuevo, fruto de la liberación pluridimensional. Así, todo está por hacer, todo está por decir, todo por descubrir e interpretar y es nuestro deber realizarlo, decirlo, interpretarlo[4].
El médico en situación de crisis frente al panorama de la pobreza y su incidencia en la salud, filosofa desde la admiración (Aristóteles), la perplejidad (Heidegger), la situación límite y la angustia (Jaspers), la solidaridad (Gadamer) y la ecuanimidad (Rawls), por citar algunas de las situaciones de temple de ánimo que nos acontecen. Las respuestas serán, a la larga, historicizantes, creadoras de caminos. Es lo que pretendo, modestamente, aquí: señalar nuevos caminos desde la medicina y la ética, trazar nuevas sendas y opciones a seguir.
Se hace necesario, en primer lugar, la existencia de una antropoética solidaria, situada, hija de su momento. Los sacerdotes tercermundistas hablaban de una filosofía desde los pobres o una filosofía de la liberación. Lo que aquí esbozo sucintamente en principio, es una antropoética solidaria, el desarrollo de lo que he denominado Ética para la erradicación de la pobreza (EPEP), entre cuyas aspiraciones no está la desaparición del hombre explotado -que sería deseable-, sino el desarrollo de un hombre nuevo, sin privaciones, éticamente instalado en la sociedad de la que es parte, lejos de la pobreza y la miseria sin solución y sin horizontes, autosuficiente económica y socialmente y, por sobre todas las cosas, humano entre humanos.
Debemos estar dispuestos a dedicar nuestro tiempo a este proyecto en el tiempo, poder vivir y trabajar como hombres solidarios. Todo ello justifica el filosofar desde y con los pobres.
La Ética Biomédica ha venido a ocupar un lugar importante en la sociedad y medicina actuales y en íntima conexión con los pobres, porque la elación existente entre tecnología y sus costos ascendentes y la relación médico-paciente en un contexto de pauperismo de una franja muy importante de nuestra población, plantea una colisión entre la economía médica y los límites éticos del sistema y se manifiesta como una crisis de valores que no puede ser resuelta desde lo puramente contable. La Ética Biomédica intenta terciar en la disputa apelando a los principios de beneficencia, autonomía y justicia y la economía apela a los fríos números de presupuestos en los que deben caber las personas y sus situaciones de salud y enfermedad. Una habla desde lo individual, la otra desde lo colectivo. Es un fenómeno dialéctico que podemos calificar de versión y a-versión. La versión de la realidad es que los pobres y marginados deben ser considerados como personas y la a-versión consiste en que los integrantes del grupo económico marginador los consideren fuera de su versión de las cosas, despersonalizándolos al afincarse en una posición que desconoce a los otros que no pueden acceder a sus condicionamientos sociales y económicos. Dicho de otra forma, lo negativo no es la marginación y la pobreza en si, sino el hecho de excluir a todos aquellos que no pueden acceder a medirse por los parámetros de esta cultura económica occidental imperante. Estos son, simplemente, excluidos. A su vez, este acto de exclusión, al privar a otros de su perspectiva personal, transforma en impersonales a los que cometen este tipo de actos, en el sentido de la negación de su condición de personas, seres culturales incluyentes.
La medicina actual en relación al fenómeno de la pobreza, constituye una caja de Pandora nacida del liberalismo económico y de la globalización de los sistemas, planteando dilemas y conflicto de intereses y principios a la ciencia actual. Mainetti las conceptúa como:
Revestida de todos los dones y , a la vez ,fuente de muchos males; ella alimenta la esperanza de la humanidad en la ambrosía, el pan de la salud y la mortalidad, que se transforma en el pan de la enfermedad y la locura [5].
La explosión de los costos sanitarios acabó con la pretendida igualdad de todos frente a la salud y planteó hondas diferencias sociales. Si a ello agregamos la profunda crisis económica de nuestro país, las posibilidades de acceder a planes dignos de salud para sus habitantes, se ha visto considerablemente disminuida. Ello hace cada vez más necesario tratar el problema desde la perspectiva de los principales involucrados, los pobres de Argentina. La financiación de la salud de la población, la accesibilidad de todos los habitantes a los diferentes sistemas y técnicas de diagnóstico y tratamiento, y la ecuanimidad y solidaridad en el reparto, son temas prioritarios en nuestra propuesta de desarrollar una EPEP. Se hace necesario que la teoría y la praxis de la justicia ocupen el punto central del problema y planteen al eticista la búsqueda de mínimos morales iniciales que concilien estas dos dimensiones económicas -teoría y praxis- con la racionalidad ética en el desarrollo de planes de salud ajustados al hic et nunc de la Argentina actual. Lo justo con el derecho a la salud. Mainetti opina que es necesario:
Minima moralia, ética económica o economía moral, sería la propuesta para el diálogo, hoy insoslayable, entre la economía y la ética médica en el marco de la política sanitaria[6].
El problema en la justicia en lo relacionado con la asignación de recursos para los pobres y en salud, ha debido hacerse algunas preguntas trascendentes e ineludibles, tales como:
*¿Cuándo un sistema económico o sanitario se considera justo o injusto?
*¿Qué determina una cosa u otra?
*¿Qué recursos es preciso asignarle al sistema para cumplir con el deber de justicia?
*¿Cómo proceder cuando los recursos disponibles son menores que los teóricamente deseables?
*¿Cómo distribuir justamente los recursos insuficientes?
*¿Cómo conciliar la economía moderna con los requerimientos de los pobres y de los sistemas sanitarios?
Son estos algunos de los interrogantes planteados a los estados por todos aquellos interesados en una distribución equitativa de recursos y posibilidades entre la población total de una nación.
Como el sistema determina que los recursos sean o no distribuidos con justicia, los responsables de hacerlo necesitan de una Ética de los Sistemas para orientar su diseño y administración, recordando que las decisiones buenas solamente lo son si son compatibles con el sistema y la realidad. Justitia est constans et perpetua voluntas in suum cuique tribuere [7].
El objetivo central de la propuesta de una EPEP será entonces , instruir a todos aquellos relacionados con toma de decisiones en los conceptos de justicia social y derechos individuales como guías para la organización y distribución de estos recursos, así como la distribución de poder dentro de las organizaciones.
Razones de espacio me impiden extenderme más en esta propuesta, sobre ella espero insistir más adelante nuevamente.
Pero quiero concluir con el concepto central de la EPEP: poder encerrar simplemente todo en dos metáforas similares en su esencia: una, la de no proporcionar pescado, sino enseñar a pescar, que ya he citado en otras oportunidades, y la otra la del hombre hambriento al que no solamente hay que darle de comer, sino enseñarle a cultivar su propio alimento para que evite en el futuro pasar hambre nuevamente. Los gobiernos, usualmente, siempre han hecho abuso de la, primera de las dos posibilidades. La ética, a mi entender, en el marco de esta propuesta, proporciona elementos para sobrevivir y hacer sobrevivir a otros. La meta consiste en formar individuos, generar recursos humanos que tomen las decisiones correctas con conocimiento e idoneidad. Por ello el planteo es extendido en el tiempo y requerirá de mucho esfuerzo para desarrollarlo. Pero, ya estamos en camino y solamente en un lugar la palabra éxito se encuentra antes que la palabra trabajo: en el diccionario. En toda obra, solamente la constancia, el esfuerzo y a laboriosidad muestran un futuro sospechado de soluciones y éxitos.
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La ética, la ciencia y los valores.
Dr. Luis Allegro
Ex Profesor Titular de Psicopatología y Psiquiatría de la Universidad de Rosario.
Full Member of the International Psychoanalytic Association.
La ciencia se ocupa del conocimiento, pero dicho conocimiento para que tenga valor científico debe poseer contenido de verdad. Por lo tanto, podemos decir que la ciencia se ocupa de la verdad.
La ética se ocupa del comportamiento humano, pero especialmente del comportamiento que posea contenido de bien o de lo bueno. Por lo tanto, podemos decir que la ética se ocupa del bien y de lo bueno.
La ciencia y la verdad.
El problema del investigador científico es probar si el conocimiento tiene valor de verdad. Esto se conoce con el nombre de validación, y se ocupa de demostrar el valor de un conocimiento en cuanto a su contenido de verdad. Los científicos discuten sobre la necesidad de distinguir entre la "validez" y él "valor". "Validez" es un término lógico y epistemológico; "valor", es un término ético y axiológico.
¿Cómo se prueba la validez de un conocimiento? Hay distintas formas de testearlo. Una de las más importantes es la experimentación. Un conocimiento tiene valor científico cuando su validez puede ser probada en forma universal por cualquier investigador científico que respete las condiciones de la investigación original. El experimento permite que esto sea posible: Galileo fue el que lo introdujo en el campo de las ciencias. Esto constituyó la adquisición principal en la historia del pensamiento humano dando forma al método de razonamiento científico.
La ética y los valores: el “bien” y lo “bueno”.
En la ética, es necesario definir como valores: el bien y lo bueno.
¿Qué es el bien y qué es lo bueno? El bien, según el Diccionario Larousse (1988), es el valor supremo de la moral, aquello que se considera como fin de todas las cosas: el bien supremo; aquello que la moral enseña que se debe hacer: discernir el bien del mal; lo que es conforme al deber. Por lo tanto esta definición nos remite a la moral. A su vez moral, según el mismo diccionario, es lo relativo a la moral; conforme con la moral (que es una tautología) y luego agrega: es la ciencia que enseña las reglas que deben seguirse para hacer el bien y evitar el mal. Por su parte el término bueno, (siempre en la misma fuente) es lo que tiene bondad; conforme con la moral; útil para una cosa. Con estos significados, no resulta fácil obtener un criterio para hacer la evaluación de un comportamiento en el sentido de lo ético.
Un filósofo dijo que para definir lo bueno es necesario discriminar lo "ontológicamente bueno", de lo "moralmente bueno". Lo "ontológicamente bueno" es todo aquello que promueve el mejor desarrollo del ente o de la persona. Lo "moralmente bueno" es todo aquello que promueve el mejor desarrollo de la sociedad. Esta definición nos permite evaluar mejor un comportamiento en el sentido de lo ético.
¿Cómo podemos efectuar dicha evaluación? En primer lugar debemos tener en cuenta que todo comportamiento produce un efecto, que puede ser constructivo, o destructivo. Así, entonces, la construcción o la destrucción constituyen un índice de evaluación de un comportamiento. En general calificamos como "conducta ética" a aquella que produce y promueve efectos constructivos positivos.
Sin embargo, el criterio de constructividad, no es suficiente. Es necesario atender a un campo más amplio y más abarcativo que tenga en cuenta otros parámetros. En la definición mencionada, la ética está referida al hombre y a la sociedad teniendo en cuenta muy especialmente las condiciones de vida y la forma de vivir. Cuando decimos que lo bueno se refiere a lograr el mejor desarrollo de la persona, se está apuntando a la calidad de vida. Por lo tanto, la ética y/o el comportamiento ético tienen como objetivo principal lograr mejorar dicha calidad de vida especialmente en el sentido de lograr su bienestar.
Es necesario agregar un ingrediente más: el “contexto filosófico-ideológico” que tiene que ver con las creencias, las costumbres, las tradiciones, el folklore, la historia, etc. que son propios de un lugar, de un pueblo o de una cultura y que hace a la forma de pensar de dicho medio social. Estos parámetros constituyen un marco referencial que es básico. En nuestra sociedad, la conducta suicida es evaluada en forma diferente de aquellas otras en las que la misma constituye de una valoración distinta (el harakiri, o el kamikaze). La conducta sexual es vista en forma diferente en distintas comunidades. El divorcio es tolerado en algunos grupos y en otros, no. La conducta comercial se ejerce con códigos diferentes en los países sajones, de los latinos. Lo mismo ocurre con la conducta laboral: en algunas comunidades, la mujer trabaja en el campo y se encarga de las tareas agrícolas, mientras que el hombre se queda en la casa, atiende a los hijos y hace los trabajos del hogar. La referencia moral-religiosa tiene valores diferentes según el grupo social en el que se da el comportamiento. En esto, la cultura religiosa del lugar juega un papel muy importante.
Como una síntesis amplia, se puede decir que un criterio de respeto, de optimización y de mejoramiento es válido en forma general. En todas partes se pueden aplicar los principios básicos de la ética, que son: el de beneficencia (lograr el bien y lo bueno); el de no maleficencia ("primun non nocere": primero no dañar, no hacer el mal), y los de respetar la autonomía, y la justicia.
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Adiós al Maestro Prof. Dr. Marcos Meeroff
Dr. Luis Allegro
El día 2 de abril próximo pasado, falleció el Prof. Dr. Marcos Meeroff, Maestro de la Gastroenterología, otorgado por la Sociedad Argentina de Gastroenterología, en 1984.
El Maestro Meeroff fue un incansable trabajador de la Medicina, tanto en la tarea asistencial como en la académica. Ha sido un ejemplo en el enfoque ético y antropológico humanístico que desde siempre proclamó para nuestra disciplina. Fue uno de los fundadores de la Sociedad de Ética en Medicina y de la de Medicina Antropológica.
Nació en Colastiné, un barrio de la ciudad de Santa Fe, el 21 de septiembre de 1909, junto a la costa del río Paraná. Luego pasó su infancia en Carlos Casares, un pueblo de la provincia de Santa Fe, y en la ciudad de Córdoba, cursó la escuela secundaria en el famoso Colegio Monserrat y la carrera de medicina en la Universidad de allí.
Su padre, que era rabino, fue su primer maestro y lo orientó hacía la carrera de Medicina repitiendo las palabras del Talmud: "quien salva la vida de un enfermo, salva a la humanidad entera". Su labor profesional se guiada por esta afirmación del gran médico Maimónides. De Hipócrates aprendió que el amor a la Medicina es consubstancial con el amor al hombre. Así aprendió que el amor al prójimo implica respeto y caridad. Pero Meeroff fue más allá y se orientó bregando por la justicia fundamentada en la tríada: libertad, igualdad y dignidad humana. Estudiando a los clásicos de la filosofía oriental descubrió divergencias en este terreno que datan de siglos. Estudiando la ética en general, pudo perfilar lo que es la ética médica en particular. Coincide con Thoma (pensador católico) cuando dice: "La ética es más exactamente una rama de la filosofía que trata de la conducta humana a la luz de criterios a priori. Dichos criterios pueden ser principios religiosos, obligaciones sociales o culturales y el bienestar individual o colectivo, Cualesquiera sean los criterios, forman la base de un sistema de valores de un individuo. Es obvio que, en cualquier sociedad pluralista las opciones éticas se convierten en opciones difíciles."
Concretando su posición frente a la Ética, Meeroff dice: "La vida es el bien más preciado del ser humano. Quiero que viva en libertad y con dignidad y que desarrolle su proceso vital en un sistema social en que imperen la igualdad y la justicia. De esta manera entiendo y siento el amor al prójimo."
Por mi parte, desde la fundación de la Sociedad de Ética en Medicina, tuve un intercambio personal muy fecundo con él. El interés común en la Ética, en la Medicina y en el Humanismo hizo que enfrentáramos con entusiasmo el emprendimiento de la Ética en Medicina para nuestra AMA, proyecto para el que contamos con el apoyo de los Dres. C. Reussi, O. Fustinoni.y R. Garriz.
De todo esto y de lo mucho más que queda sin decir, me queda el recuerdo de su mente clara, de su amor por la justicia, de su comprensión por el dolor de los necesitados, de su alta estima de la amistad y de su sonrisa bondadosa.
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In Memoriam
Dr. Eduardo del Caño
Marcos Meeroff, después de su larga e intensa vida, se ha alejado de nosotros. Pero no está ausente. “Non omnis moriar”, como insistía el poeta latino Horacio. Sigue presente. Pervive en nuestra cultura y nuestro recuerdo. Y, muy en particular, en nuestro afecto.
Maestro y amigo entrañable. Padre adoptivo. Organizador de caminos y accesos. Nivelador. Carismático descubridor y afianzador de posibilidades. Comprometido con el ser humano social y sus instancias. Siempre alerta y abierto al dialogo enriquecedor. Una calificada compañía. En suma: un tránsito intenso y una disponibilidad siempre atenta y alentadora, que justifica y afianza el milagro de la vida y sus innúmeras posibilidades. ¡Gracias mil, por el privilegio de esa dilatada convivencia!
Marcos, en la intimidad profesional
-Un decálogo-
1. Apertura a visiones “trans” (ecumenismo práctico).
2. Énfasis y compromiso en su visión axiológica.
3. Prioridad en la misión educativa y formadora.
4. Compromiso sostenido, con familiares y amigos (lealtad inclaudicable).
5. Sensible y contestatario, ante toda forma de exclusión.
6. Comprometido, de por vida, con la elaboración y difusión de mensajes diferidos (trabajos escritos).
7. Apasionado por la presencia periodística y sus interjuegos.
8. Consciente gestor de los trabajos en equipo y cuidadoso conciliador en las discrepancias
9. Constructor de espacios para la convivencia y las heterodoxias.
10. En general: enamorado de la humanización en las gestiones sanitarias.-
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Vida, Obra y Persona del Prof. Dr. Marcos Meeroff
Prof. Dr. Roberto M. Cataldi Amatriain*
Los aspectos trascendentes de la Vida, Obra y Persona del Dr. Marcos Meeroff exceden con amplitud el marco de una nota y merecen un libro, pero procuraré dar algunas referencias. Como dije en el homenaje que oportunamente se le hiciera en la Asociación Médica Argentina, la medicina de nuestro país pierde a uno de sus máximos exponentes.
Conocí a Meeroff en 1978, durante el Congreso Mundial de Gastroenterología. En esa época yo vivía en Madrid, en calidad de becario, y como mi maestro de gastroenterología, el Dr. Eduardo Arias Vallejo –gran amigo de Marcos- presidía dicho congreso, mi tarea era recibir a la delegación argentina. En la primera reunión que mantuvimos, advertí que era un hombre muy culto, versado en temas variados y sinceramente preocupado por el rumbo de la humanidad. Recién llegado a la ciudad del oso y el madroño, me disparó una batería de preguntas sobre la realidad médica, educativa, política y sociocultural que allí se vivía. Su espíritu inquieto, curioso, denunciaba la sed de saber. Más adelante comprendí que Meeroff era un fiel exponente de las dos culturas.
Desde joven evidenció una fuerte personalidad, cuestionó todo aquello que consideraba injusto, y como los antiguos griegos, creía que el médico no solamente debía asistir a los enfermos y prevenir las enfermedades, pues, debía ser un político, ya que de esa manera podía participar activamente en la res pública. Sostenía que no debía existir una medicina para ricos y otra para pobres, sino que todos deberían tener acceso a una atención digna. A pesar a ser hijo de rabino y nieto de gran rabino, Meeroff era agnóstico, pero practicaba la ética de la tolerancia y, en el terreno filosófico se volcó al materialismo histórico, situación que le acarreó no pocos trastornos (conoció la Isla Martín García pero no como turista).
En 1959 fue Presidente de la Sociedad de Medicina Interna de Buenos Aires, luego de la Sociedad Argentina de Gastroenterología, del Colegio Médico de Gastroenterólogos. Fue Maestro de la Gastroenterología. Hace años el Congreso Panamericano de la especialidad por primera vez en su historia llevó el nombre de un médico: Marcos Meeroff.
Vivió la actividad hospitalaria con denuedo. Durante varios años compartimos la actividad asistencial, él como jefe de departamento y yo como jefe del servicio de clínica médica, y pude comprobar el compromiso, la dedicación y la pasión con que asumía la profesión.
Su inclinación a la bioética y la medicina antropológica lo condujo a fundar la Sociedad de Ética en Medicina (AMA), la Sociedad Argentina de Medicina Antropológica (AMA) y la Academia Argentina de Ética en Medicina, entre otros emprendimientos.
Fue uno de los escritores médicos más prolíficos en nuestro medio, como lo atestiguan sus numerosos libros y trabajos científicos. Su currículum vitae asistencial y docente estaba entre los más destacados. Cumplidos los 90 años, la Universidad de Buenos Aires finalmente reconoció su trayectoria designándolo Profesor Honorario.
Su persona de bien se traslucía en un asumido humanitarismo para con los pacientes, a los que trataba con cordialidad. De los colegas fue un maestro, cuando no un padre o un amigo.
Mi primer maestro fue mi padre –solía decir- quien me orientó hacía la carrera de medicina repitiendo con el Talmud, “quien salva la vida de un enfermo, salva la humanidad entera”. Una máxima de un sabio hindú dominaba la sala de espera de su consultorio: “trabaja como si fueras a vivir eternamente; vive como si fueras a morir mañana”. A lo largo de su prolongada vida Marcos Meeroff fue fiel a esta máxima. Requiescat in pace Magíster!
*Profesor de Medicina Interna (Universidad del Salvador)
Secretario General de la Academia Argentina de Ética en Medicina
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Al Dr. Marcos Meeroff.-
Dr. Julio Néstor Cosen.
Afectado sensiblemente por la desaparición física del Maestro de la Gastroenterología Argentina, Dr. Marcos Meeroff; es mi propósito que estas líneas sean testimonio de una de las facetas más importantes de su prolífica labor médica; a la que destacamos con especial énfasis y es su trayectoria como médico asistencial que tuvo como bautismo de fuego su ejercicio en la campaña y que luego brillara como especialista prestigioso en la gran ciudad.-
Su vocación de trabajo inagotable tenía como nutriente el ejercicio de la Medicina Antropológica, que calificaba como “integral” y “holística” ó sea Medicina de la Persona; recuerdo una enseñanza de Scholem Aleijem que reiteraba incisivamente diciendo que los pacientes sufren del corazón, los pulmones, el estómago y los intestinos; pero “ ellos” también están enfermos. ; el enorme progreso tecnológico promocionó la investigación de los mecanismos etio-patogénicos pero exige adentrarse en su causa biológica que estudian al individuo y al eco-sistema en el que transcurre su estado de salud y en el de enfermedad; siendo su objetivo adaptarlo al medio ambiente e integrarlo a la sociedad como persona útil; va de suyo, que debemos promocionar una medicina con una fuerte impronta social; enseñaba Meeroff no importa elucidar los detalles mínimos de la patología humana ya que lo más transcendente es bucear en la intimidad de cada paciente para conocer que clase de enfermo es el que padece puntualmente tal enfermedad.-
Coincidiendo con los conceptos del Dr. Gregorio Marañón nos ensañaba que el conocimiento del enfermo no se obtiene por una sumatoria de datos y/o referencias del clínico y del analista; es la resultante de un proceso inteligente y participativo en que el médico genera un contacto profundo y completo del enfermo hasta interpretarlo en su totalidad; a lo que se pueden agregar estudios complementarios elegidos inteligente y racionalmente por su médico; ejemplificaba lo precedente con la experiencia del paciente que peregrina de consultorio en consultorio; de clínica en clínica; de medicina alternativa en medicina alternativa con una agobiante carga de radiografías, análisis, consultas, etc...etc...;que lo atan como una cadena a su preocupación y angustia sin encontrar solución y que en numerosos casos para curarlos es suficiente amputarles un aglomerado innecesario de documentos analíticos. -
Predicaba el Dr. Marcos Meeroff que la sociedad requiere de médicos que tengan la humildad de reconocerse como integrantes de un sistema que atiende a seres semejantes pero cuya individualidad exige una línea de conducta personalizada acorde con sus necesidades y complejidades; es mandatario dominio psíquico y físico, decoro, auto-control emocional, amor por sus semejantes y vocación infinita por su nobilísima profesión sostenida en la prudencia, la justicia, la fortaleza moral, la templanza ética desterrando la soberbia, la injuria, el resentimiento y las ambiciones materiales.
El Dr. Marcos Meeroff otorgaba prioridad a la Medicina Social planteando la problemática mayor de no interferir en los progresos tecnológicos contemporáneos con los principios éticos consolidados en sus ideales humanísticos remarcando que antes que el ser médico prima el ser un hombre bueno manteniendo siempre presente valores religiosos, filosóficos y políticos..
Recordaba que los Deberes y Derechos del médico son inalienables, remontando sus orígenes a las escrituras del Código de Hammurabi (siglo XVIII a JC); señalando que las siderales diferencias de calidad de vida de los pueblos constituyen el caldo de cultivo para la eclosión de las enfermedades mentales, los conflictos bélicos, las epidemias, etc....etc, justificando la definición de libertad como la conciencia de la necesidad y calificando a los médicos como verdaderos estadistas; por extensión sus obligaciones son más extensas e ameritando más exigencias y una responsabilidad creciente. -
La conciencia del médico es el árbitro supremo de su praxis debiendo rechazar todo acto premeditado contra el respeto a la vida humana.-
Deseo finalizar este recordatorio parcial del ideario que suscribía el Dr.Marcos Meeroff en su condición de médico asistencial reiterando conceptos de la Declaración de Alma-Ata, Septiembre 1978; que pienso definen su conducta en el discurrir de 6 generosas décadas de actividad profesional:
“Salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la falta de enfermedad o dolor”
Maestro Marcos Meeroff sepa Ud. que concretó en su brillante trayectoria el pensamiento de Voltaire:
“ Los hombres que se dedican a devolver la salud a otros hombres por los únicos principios de la humanidad y de hacer el bien, superan a todos los grandes de la Tierra y participan de la Divinidad “
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Elegía para un Maestro
Dr. León Cubellun
Murió a los 94 años, el Profesor Dr. Marcos Meeroff, No más, no menos.
Fué en Medicina y en gran parte de la Vida, mi primer MAESTRO (término acuñado en el año 993; del latín “Magíster-tri” –del adverbio “magis”: más, significando plenitud, dignidad, excelencia = “maestro, el que enseña”). Fui cronológicamente y en su distinción, su primer discípulo.
Corría la década del 30, cuando en nuestro barrio (mezcla de Caballito, Villa Crespo, Chacarita y Paternal), precisamente en la calle Luis Viale 533, entre Parral (hoy Av. Honorio Pueyrredón), que en ese entonces era el terraplén residual del “trencito”, que unía a las estaciones de Caballito y la Paternal, con un desvío hasta el actual Parque de los Andes (cementerio en la época de las terribles epidemias en nuestra ciudad) y Rojas vino a instalarse un joven médico.
Era el Dr. Marcos Meeroff, quién provenía de la localidad de Eusebia (Prov. de Santa Fe), donde había instalado su primer consultorio, recién graduado en la Universidad de Córdoba.
Muy pronto, debido a su capacidad científica y a su ponderable formación humanística, hizo “pata ancha” en el barrio. Como prestador de una institución benéfica (Previsión Médica Obrera), incrementó el trabajo. Mi familia estaba adherida a este sistema, por lo que pasó a ser el médico de la misma. Coetáneamente ingresó a la vieja Sala IV del Pabellón Chávez del Hospital Durand, donde era Jefe, el Prof. Dr. Nicolás Romano y posteriormente el Prof. Dr. Alberto L. C. Maggi.
Recuerdo que tendría 5 años y acompañando a mi madre, fuimos al consultorio del Dr. Meeroff (Mérof, como lo llamaban los “paisa” del barrio) y yo, deslumbrado por su presencia y por mi temprana vocación, le pregunté qué había que hacer para ser médico, contestándome entonces “Te ponés un guardapolvo blanco y ya sos médico”. Todavía me duele la paliza que me dio mi madre por impertinente y por el berrinche que armé para que se me comprase el famoso “guardapolvo blanco”.
Continué admirándolo y tratando de imitar sus actitudes y costumbres, hasta que debido a mi insistencia, me llevó al Hospital, a los 14 años. Allí me impregné del “olor” -bendito sea- de la labor hospitalaria que persiste hasta ahora. Aprendí a bañar enfermos, a afeitarlos, a colocar ventosas, sondas e inyecciones. Progresivamente, hacía escapadas a la Guardia y comencé a escribir historias clínicas que me dictaban los médicos del Servicio, especialmente el Dr. Meeroff, quien se enojaba cada vez que cometía un error ortográfico, y tras mis excusas de haberme apurado, me espetaba: “Cuando escribís tu nombre y apellido apurado ¿lo escribís mal?”.
Permanecí a su lado muchas noches hasta la madrugada, mientras él escribía, incansablemente, en su pequeña y primitiva máquina de escribir portátil, yo consultaba su nutrida biblioteca que ocupaba íntegramente tres de las cuatro paredes de su escritorio-consultorio-sala de examen físico (era un eximio semiólogo), logrando así la publicación de múltiples trabajos, por lo que los envidiosos de siempre, lo criticaban y hasta vituperaban en su inútil esfuerzo para desmerecerlo. Sabemos que en un concurso universitario, fue proscripto por ¡exceso de trabajos publicados!.
A mediodía, lo acompañaba a las visitas domiciliarias y acostumbraba entre paciente y paciente detener el automóvil y “echar un sueñito” de no más de 10 minutos y en ese lapso, si no lo despertaba ¡Ay de mi!.
Pasaron los años, continuó siempre trabajando incansablemente, alcanzado altos desempeños académicos y societarios, siendo designado Miembro de Honor y Presidente Honorario de múltiples Congresos Nacionales e Internacionales; Fundador de varias Sociedades Científicas y Humanísticas y permanentemente publicando Trabajos y Libros. Tuve el privilegio y la satisfacción, de estar a su lado permanentemente y acompañarlo incondicionalmente en sus esfuerzos y logros, con el cariño y el respeto que él tanto merecía.
El espacio asignado para este trabajo, está cumplimentado, por lo que guardo en la faltriquera, recuerdos, anécdotas y aconteceres referentes a mi MAESTRO, que prometo dar a luz, en su oportunidad.
Como colofón, citaré un pensamiento de Thomas Carlyle según lo mencionó Cora Cané, en su Clarín Porteño: “Cuando una persona noble y buena ha vivido a nuestro lado, no nos es nunca arrebatada completamente, deja tras de si un vestigio luminoso semejante a esas estrellas apagadas que se ven desde la Tierra, después de muchos siglos”.
Quienes tuvimos la dicha de conocerlo y abrevar sus enseñanzas y ejemplos, sabemos que así será.
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CONCEPCIÓN ÉTICA DEL HUMANISMO.
Marcos MEEROFF
El objeto más importante de la labor humana es
el hombre mismo.
El humanista tiene fe en la en la humanidad, fe en el
hombre; se basa en la evidencia de los triunfos
que la raza humana ha logrado en el pasado
y en la experiencia interior de cada individuo,
en su propia experiencia de razón y amor.
E. Fromm.
Concebimos un hombre relacionado productivamente con otros hombres y con la capacidad de responder al mundo con ánimo vital y rico, no por lo mucho que posee sino por lo mucho que es. De ahí que por humanismo entendemos una filosofía global que insiste en la unidad de la humanidad, en la capacidad del hombre para desarrollar su propios poderes y para llegar a la armonía interior y establecer un mundo pacífico.
El mismo Goethe decía que el "El hombre lleva en sí no sólo su individualidad, sino toda la humanidad, con todas las posibilidades, pero las limitaciones externas que operan sobre su existencia individual determinan que sólo pueda materializar esas posibilidades en escala restringida".
Por ello, justamente, el humanismo brega por vencer esas limitaciones. Podemos considerar el logro de este triunfo como la finalidad del humanismo, en cuanto la perfectibilidad del hombre depende de sus esfuerzos personales hasta el extremo de afirmar que el ser humano plasma la historia y es el creador de sí mismo
El humanismo evolucionista proclama que la vida es el bien más preciado del hombre, propugna vivir en libertad y con dignidad, desarrollando su proceso vital en un sistema social en que imperan equidad y justicia. Eso lo pido para mí y para todos mis congéneres. Ama al prójimo como a ti mismo. No hagas al prójimo lo que no quieres que te hagan a ti. Es en cierto grado aceptable lo dicho por F. Savater (1) cuando recientemente sostuvo que "no es que yo recomiende que hay que ser egoísta para ser mejor, sino que somos todos egoístas y que nuestra ética va a surgir del egoísmo. Sea la ética religiosa, atea, más comunitaria o individualista, siempre va a surgir de este fondo".
Se desprenden de lo dicho algunas conclusiones:
1. El hombre es sujeto y no objeto de la historia. Es protagonista y no simple espectador.
2. Es eminentemente un individuo social.
3. Lo esencial es su actividad creadora, que lo conduce a su pleno desarrollo y vibración.
4. Protagonista, social y creador, concebimos al hombre ideal al ser que vive unido con otros hombres en la comunidad de la libertad.
5. Es así como el hombre ejerce un acto libre, que es tal en la medida en que transforma el mundo transformado por su propio ser.
En síntesis, el humanismo estimula la actividad humana y la capacidad creativa del hombre, teniendo como objetivo lograr conquistas que, a su vez, estimulan una vida social y armónica.
Este programa es realizable. Formó parte de la región optimista de los que estiman su pleno desarrollo. Están dadas las condiciones para ello.
1. Porque, como dice Rensch (2), "en el hombre son especialmente importantes los procesos del pensamiento, casi siempre intensamente guiados por la voluntad, las amplias abstracciones y generalizaciones como las fantasías y las especulaciones para todos los proyectos, invenciones y, en suma, para la continuidad del desarrollo de la cultura".
2. Porque, fruto del pensamiento humano es posible precisar el camino a seguir. Nos lo señala la ética, al sostener que la ciencia debe estar siempre contra el dirigismo, defender la libertad para armonizar progreso técnico con progreso social, para que la sociedad tome la responsabilidad de su propia evolución.
3. Porque, partiendo de la comprobación de que el antagonismo entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales es un hecho característico de nuestra época (palpable, abrumador e incontrovertible) declaramos que el hombre es lo más preciado para el hombre, que debe querer servir al hombre y que, en consecuencia, cuanto más grande es nuestro poder material, más necesidad tenemos de impulsos espirituales y coraje para emplear nuestras fuerzas para el bien y no para el mal.
La sociedad actual se caracteriza por la negación de la productividad. Este fenómeno ha sido muy bien estudiado por las tendencias socialistas desde el enfoque del materialismo histórico, aunque su antecedente sea el mismo Hegel (3).
El hombre se ha ido desarrollando y produciendo; en suma: ha ido creando. La negación de esa productividad adquirió mayor auge en los últimos ciento cincuenta años. La enajenación se ha convertido así en una de las características más significativas de la asociada actual, se le llame de consumo o capitalista.
La enajenación es, de esta manera, un serio obstáculo para lograr lo fundamental: la emancipación y la autorrealización del ser humano; la libertad intelectual y operativa hacen que el hombre se sienta verdaderamente hombre.
El concepto de enajenación parte de Hegel, quien hizo especial hincapié en la diferencia entre existencia y esencia, entre continente y contenido, entre "hombre en sí" y "hombre para sí". El primero ha enajenado su esencia, se ha enajenado a sí mismo en la medida en que el producto de su trabajo se convierte en un objeto ajeno a él, que lo domina. Es un proceso que puede afectar por igual a todas las personas, cualquiera sea la clase a que pertenezca. Cualquiera puede esclavizarse por las cosas y las circunstancias de su propia creación.
De esta forma se genera un sistema social en el que domina e impone su ley el sector que cuenta con la participación de los generadores de los recursos que en un principios mejoran la vida humana pero que van incorporando medios y recursos usados para enajenar a la sociedad. En este sector dominante reside, en consecuencia, la responsabilidad de la enajenación social que esclaviza a la vez que idiotiza al ser humano. La tecnocracia, con su corte de tecnócratas, es, en fin, la responsable de estructurar esa sociedad de esclavistas y esclavizados, en una sociedad en la que se proclama sin embargo, la vigencia de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.
Derivamos de la ética a la política en el sentido auténtico de esta palabra tan manoseada. Ya lo decían los antiguos: "la moral es ciencia frívola si no se une a la política, puesto que hay que diferenciar en la ética dos fases: teoría y práctica, doctrina y conducta".
La evolución histórica nos lleva a la conclusión de que el menos malo de los sistemas de convivencia es la democracia, que es la que mejor puede asegurar la satisfacción de las necesidades y anhelos de la sociedad humana, sobre la base de la libertad de sus integrantes y la paz entre los países. Se consagra al respeto a la dignidad humana y, por consiguiente, al respeto de los derechos del hombre.
La defensa de la democracia es y seguirá siendo ética, pero por eso mismo impone el empleo de medios no menos éticos: usar la energía atómica para destruir físicamente a quienes pretenden imponer sistemas anti humanos de convivencia ya no es ético, y descalifica a quienes proceden de esta manera. Volvemos a lo que ya dijimos en páginas anteriores: libertad asociada con razón, generando responsabilidad.
La vida no es una materia inerte. Es un proceso en permanente evolución. Esta
vida es la que defendemos, con la condición que señala Savater: "jugarse no por la vida, sino por lo bueno de la vida".
En nuestro país el maestro Bernardo Houssay lo ha señalado con prístina claridad al establecer el contenido ético de la investigación científica:
1. Aplicar sus conocimientos al bienestar material y espiritual de los hombres.
2. Hacer que ellos lleguen lo más rápido posible al mayor número de seres humanos.
3. Prestar ayuda a los pueblos menos adelantados para que perfeccionen sus medios y aumenten sus recursos.
4. Aumentar la fraternidad y cooperación pacífica de los hombres entre sí para que desaparezca alguna vez la guerra y toda opresión por la fuerza.
5. Siendo la ciencia la búsqueda del conocimiento, se le debe asegurar libertad de investigación, expresión y crítica. Es un valor independiente de gran trascendencia social en el plano intelectual, técnico y moral.
6. La ciencia no progresa en las épocas de conmoción económica u opresión política. Aunque parezca adelantar, porque en estos momentos se aplican con grandes recursos los conocimientos acumulados en época de paz. Además en estos tiempos y en los siguientes hay desmoralización, inquietud, angustia por el presente y poca esperanza en el futuro, falta de confianza en la justicia, insuficiencia de medios de trabajo, inseguridad en las posiciones o tareas de la profesión. De ahí que la ciencia adelante más en épocas de paz, de estabilidad social y de respeto por la libertad.
7. En los últimos tiempos hay quienes pretenden hacer responsable a la ciencia por el abandono de principios morales y la destrucción de reglas éticas. En realidad, la ciencia busca la verdad y aumenta la eficacia del hombre, en los planos intelectual y técnico.
8. La ciencia es neutral en los problemas morales, en cuanto no se ocupa directamente de ellos. Pero el hombre de ciencia debe recibir una educación moral y seguir reglas éticas.
9. En realidad, la ciencia no es directamente responsable del estado ético o social. Es evidente que los adelantos científicos ha sido más rápidos y profundos que la evolución social. Urge, pues, tomar disposiciones sociales que aseguren que los descubrimientos científicos se apliquen sólo para el bien. Pero ello debe hacerse sin interferir con la independencia de la investigación, discusión o intercambio científicos.
10. Se ha hecho notar que los métodos científicos de propaganda son utilizados por los dictadores para pervertir a gran cantidad de ciudadanos de sus países. Por fin, se contempla con horror que los descubrimientos científicos pueden emplearse en las guerras para causar daños inmediatos a grandes masas. Todo esto prueba que los valores éticos deben ser reforzados, mejorados y renovados en la población y entre los hombres de ciencia para mantener y salvar la civilización actual. Y como aspiración más remota, es de esperar que alguna vez la guerra desaparezca.
La prosperidad ya no depende de los recursos naturales y de la extensión de un territorio o de la concentración y acumulación de riqueza. Es producto de la concentración y acumulación de conocimientos, que son la verdadera riqueza. Desde esta perspectiva, la técnica (la técnica humanizada) debe ser conservada, estimulada y potenciada. La ciencia no es una opción, sino una necesidad. El planeta no puede vivir sin una actividad científica creciente. Pero hasta ahora se hizo mucha ciencia utilizada por la industria en beneficio de los gobiernos, con propósitos militares y de conservación de poder para determinados sectores, lo que originó grandes problemas de variada índole (guerras, destrucción de vidas y devastación de la naturaleza, etc.), a la vez que requieren nuevos aportes de ciencia y técnica. Lo esencial es, entonces, plantear qué ciencia y qué técnica necesita la humanidad. Con razón Portnoff advirtió: "Ojo con anteponer la máquina al hombre". Con esta aclaración cabe afirmar que el camino para sobrevivir es ciencia, más ciencia.
Reiteramos que el hombre es hombre social, que vive en sociedad, sujeto y no objeto de la historia, protagonista creador, empeñado en el desarrollo de una comunidad fundamentada en la libertad y la solidaridad, con justicia y en paz. Reiteramos la afirmación de Fromm: "Vivimos en una sociedad enferma por las injusticias económicas y las inquietudes sociales, porque las personas son discriminadas pr su sexo, su condición económica, etnia, su orientación sexual, sus valores. Una sociedad donde todo se cuantifica y vale más tener que ser".(4)
La ética fundada en el humanismo "evolucionista" nos dicta la dirección de nuestro proceder social: "luchar por un mundo más justo y equitativo donde la riqueza y los recursos estén mejor distribuidos y la solidaridad sea una conducta natural entre las personas; un mundo donde el sexo, los roles y las opciones sexuales no sean motivo de discriminación, inequidad y marginación; un mundo que jerarquice y dignifique la afectividad y el amor entre los seres humanos; un mundo donde se favorezca el desarrollo de un pensamiento crítico y que favorezca multitud de opciones, posibilitando escoger con libertad, responsabilidad y respeto hacia uno mismo y los demás." (5).
No es deseable el conocimiento "puro", más o menos abstracto, que nos rodea, que tratamos de aprehender en todos sus aspectos y modificar de acuerdo con determinadas directivas. El conocimiento humano y el poder humano se unen constituyendo una unidad. Asegurar que determinadas características del ser humano no pueden variar o que un proceso está definitivamente fuera de los límites de nuestros conocimientos y posibilidades de actuar implica adoptar ante la ciencia una posición retrógrada. Solo abriremos nuevas rutas si consideramos ciencia y tecnología no como un núcleo estático de conocimientos, sino como una empresa que está aumentando constantemente su campo de acción y la exactitud del conocimiento del mundo, proporcionando una aproximación todavía más estrecha a la verdadera naturaleza de las cosas.
Estimamos que la racionalidad crítica gobernando la ciencia y la técnica supone la posibilidad de corregir derivaciones incorrectas que han favorecido la actual crisis de la sociedad. Es necesario, para ello, que sea realidad el goce de la "libertad de buscar la verdad, la libertad de exponerla, libertad de examinarla; el funcionamiento de la democracia no como concepción abstracta sino como realidad concreta, que asegure la vigencia de los derechos humanos; paz universal con creación de un orden mundial en el que no estemos expuestos al riesgo de ser muertos por guerras devastadoras."(Houssay).
Dice Erich Fromm:
· Uno de los problemas éticos de nuestro tiempo es el de educar a los hombres para preguntarse y responder, a la vez que la capacidad de verlo sobre todo en el acto de relacionarse y no como un objeto. Lo esencial es la necesidad de volver a convertir los medios en medios y los fines en fines, y reconocer que nuestros logros en el mundo del intelecto y la producción material sólo tendrán sentido si son medios para alcanzar un fin: el nacimiento pleno del hombre en cuánto se forme plenamente él mismo, plenamente humano" (6)
En alguna medida, la sociedad humana camina en esta dirección, dado que la ciencia y la técnica se sientan cada vez más capaces de dominar el mundo natural. Es menester que paralelamente la sociedad tome plena conciencia de sí misma, lo que acelerará el proceso evolutivo que le permite participar en los bienes de la naturaleza y de la cultura.
· El Estado democrático moderno tiene como uno de sus fines básicos garantizar una formación que alcance a todos los ciudadanos y les permita gozar, en la medida de sus capacidades, de los bienes intelectuales que brinda la ciencia moderna. Para eso le compete, como tarea central, el mantenimiento y perfeccionamiento constante de su sistema educativo, sea elemental o superior, y la promoción de la investigación científica en todos los ámbitos, basándose, para ello, en la excelencia intrínseca de los proyectos imparcialmente juzgados.
Todo lo que se puede exigir al científico, además de la calidad en el ejercicio de su disciplina, es el cumplimiento de aquellas regulaciones de carácter ético que va adoptando la comunidad internacional a fin de salvaguardar las condiciones de vida que necesita y merece todo ser humano.
Bibliografía.
1. Fernando Savater, Etica para Salvador, Buenos Aires, Ariel, 1993.
2. B. Rensch, De animal a semidiós. Homo sapiens. Madrid, Alianza, 1988.
3. W.F.G. Hegel, Fenomenología del espíritu, Madrid, Revista de Occidente, 1935.
4. A.Y.Portnoff y T.Gaudin, La revolución de la inteligencia, Buenos Aires, INTI, 1988.
5. Stella Cerruti Baso, A.M. Curdela y Pena Fernández M., Etica y SIDA en Etica y SIDA, Buenos Aires, Sociedad de Etica en Medicina, A.M.A.,1994.
6. Erich Fromm, La condición humana actual, Barcelona, Paidós, 1991.
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[1] .-Algunos de estos conceptos han sido tomados de mi proyecto de Tesis Doctoral en Filosofía en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Tucumán, ya `presentada y en estudio por la Comisión de Supervisión y Seguimiento.
[2] .-Doctor en Medicina, .Miembro de las Academias Nacionales de Medicina y de la Historia y de la Academia Güemesiana de Salta. Balcarce 680 PB. Tucumán
[3] .-Citado por Candide Moix en El pensamiento de Demmanuel Mounier, ediciones Estela, Barcelona, 1964, página 177 .
[4] Jaime Rubio : Antropología y Filosofica. Ediciones Universidad Santo Tomás , Bogota,1976,página 163.
[5] .-Jose A. Mainetti : “Bioética::una nueva filosofía de la salud”.Boletin de la Oficina Panamericana de la Salud, vol.106,nros. 5 y 6, 1990, página 599.
[6] .-ibidem.
[7] .-La Justicia es la perpetua y constante voluntad de dar a cada unio lo suyo,decía Justiniano I.
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